El Mundial de futbol y Chichihualco – El Sol de México

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El Mundial de futbol y Chichihualco – El Sol de México | Noticias, Deportes, Gossip, ColumnasCiudad de Mexico, 29 de marzo de 2026

Senadora de Morena por Guerrero

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Afectados por los balones de fútbol de procedencia china, los artesanos de Chichihualco, Guerrero, luchan por no perder sus fuentes de empleo, que consisten en la producción artesanal de balones cosidos y pintados a mano desde los años sesenta.

Como representante de Guerrero en el Senado de la República, he sido testigo directo de esta lucha silenciosa, persistente y profundamente digna. No se trata solo de una actividad económica; es una tradición que ha dado identidad a generaciones enteras y que hoy enfrenta los embates de un mercado global que pocas veces reconoce el valor de lo hecho a mano.

Recorrer Chichihualco, cabecera del municipio de Leonardo Bravo, es entender que cada balón encierra una historia. Son familias completas las que participan en su elaboración, desde el corte de los materiales hasta el cosido final. No hay maquinaria que sustituya la precisión de esas manos ni tecnología que replique el compromiso con el que se trabaja cada pieza. Sin embargo, la competencia desleal con productos importados, de menor costo pero también de menor calidad, ha ido desplazando poco a poco a estos productores del mercado nacional.

Me parece fundamental visibilizar esta realidad, sobre todo en un contexto en el que México se prepara para ser protagonista en el escenario futbolístico internacional. El balón no puede ser únicamente un símbolo de espectáculo; debe ser también un vehículo de justicia económica. Si el país consume millones de balones al año, ¿por qué no garantizar que una parte significativa de ese mercado beneficie a nuestras comunidades artesanas?

He escuchado de viva voz a los productores, quienes me han compartido no solo las dificultades que enfrentan, sino también su orgullo por lo que hacen. Sus balones cumplen con estándares internacionales, tienen una durabilidad comprobada y, además, promueven un consumo más responsable al ser reparables. En un mundo que avanza hacia la sostenibilidad, este modelo de producción debería ser respaldado, no marginado.

Estoy convencida de que el fortalecimiento de estas microempresas no es solo una cuestión económica, sino una apuesta por el desarrollo social. Cuando apoyamos a los artesanos de Chichihualco, estamos contribuyendo a que las familias permanezcan unidas, a que las y los jóvenes encuentren oportunidades en su lugar de origen y a que no se rompa el tejido comunitario.

Desde mi responsabilidad pública, he impulsado el diálogo con diversas instancias para abrir nuevos mercados y generar condiciones más justas para estos productores. Pero este esfuerzo no puede ser aislado. Necesitamos la participación de los tres niveles de gobierno, de la iniciativa privada y, sobre todo, de la ciudadanía.

Consumir lo hecho en México no es un eslogan; es una decisión que tiene consecuencias reales. Cada balón artesanal que se compra representa un ingreso directo para una familia, una oportunidad de continuidad para un oficio y un acto de reconocimiento a nuestra propia identidad.

Hoy más que nunca, debemos mirar hacia nuestras raíces y entender que ahí también está nuestro futuro. Chichihualco no solo produce balones; produce esperanza, resistencia y calidad. Y es nuestra responsabilidad asegurarnos de que esa tradición no solo sobreviva, sino que prospere y conquiste los espacios que merece, dentro y fuera de nuestras fronteras.

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