La música explora nuevos dueños fuera de la industria tradicional – El Sol de México | Noticias, Deportes, Gossip, ColumnasCiudad de Mexico, 31 de marzo de 2026
El rapero colombiano El Kalvo abrió el debate al proponer que sus seguidores se conviertan en accionistas de sus canciones
Gerardo León / El Sol de México
Por ahora, el futuro sigue abierto. Pero algo es claro: la relación entre artistas y fans está cambiando, y la idea de que una canción pueda tener múltiples dueños ya no parece tan lejana como hace unos años.
Tal vez, Anna Wintour, Naomi Campbell o el rey Carlos III no sepan de mí, pero yo sé mucho de ellos. Más de 25 años de trayectoria periodística.
LO+VISTO
COLUMNAS
LO+RECIENTE
CARTONES
Tradicionalmente, los ingresos de una canción se concentran en los propios artistas. / Foto: EFELa industria musical lleva más de dos décadas en transformación constante. Del CD al streaming, de la descarga ilegal a las plataformas digitales, el negocio ha mutado en velocidad y profundidad. En ese contexto, una propuesta reciente del rapero colombiano El Kalvo volvió a encender la conversación: permitir que sus fans sean accionistas de sus nuevas canciones, es decir, que participen en las ganancias generadas por reproducciones, sincronizaciones o licencias.
La idea apunta a un cambio de raíz. Tradicionalmente, los ingresos de una canción se concentran en sellos discográficos, distribuidoras y, en menor medida, los propios artistas. El público queda relegado al rol de consumidor. El planteamiento de El Kalvo busca romper esa lógica al convertir a la audiencia en inversionista directo del producto cultural que consume.
Aunque su propuesta ha llamado la atención en redes sociales y medios especializados, no surge en el vacío. Desde hace al menos una década, distintos músicos y proyectos han experimentado con esquemas similares, combinando tecnología, financiamiento colectivo y nuevas formas de propiedad digital.
Uno de los casos pioneros es el de Imogen Heap, quien desarrolló la plataforma Mycelia, basada en blockchain, para que los artistas puedan gestionar derechos de autor y pagos de manera más transparente. Su visión era clara: descentralizar la industria musical y permitir una distribución más justa de ingresos, incluso hacia los oyentes que apoyan directamente los proyectos.
En una línea más reciente, la artista canadiense Grimes incursionó en la venta de arte digital y música mediante tokens no fungibles (NFT). Aunque su modelo no otorgaba exactamente participación accionaria en canciones, sí exploraba la idea de que los fans posean piezas únicas vinculadas a su obra, generando una relación económica más directa.
La artista italiana Laura Pausini, durante su gira mundial Yo Canto World Tour / Foto: EFEEl DJ estadounidense 3LAU fue más allá al tokenizar parte de su catálogo musical, permitiendo que los compradores de ciertos NFT obtuvieran beneficios económicos asociados a sus producciones. Su proyecto Ultraviolet se convirtió en uno de los ejemplos más claros de cómo la tecnología blockchain puede aplicarse a la propiedad compartida de música.
Otro caso relevante es el del productor RAC, quien lanzó su propio token social ($RAC), con el que recompensó a sus seguidores más fieles. A través de este sistema, los fans no solo accedían a contenido exclusivo, sino que también podían participar en decisiones creativas o beneficiarse del crecimiento del proyecto.
Las bandas también han explorado estas rutas. Kings of Leon fue uno de los primeros grupos en lanzar un álbum como NFT, ofreciendo ediciones especiales y experiencias exclusivas a quienes adquirieran los tokens. Aunque el experimento generó ingresos importantes, también evidenció las limitaciones de estos modelos, especialmente en términos de accesibilidad para el público general.
Más experimental aún ha sido la islandesa Björk, quien ha integrado tecnologías emergentes en sus lanzamientos, incluyendo criptomonedas como parte de sus estrategias de distribución. En su caso, el enfoque ha sido más artístico que financiero, pero igualmente apunta hacia una redefinición del vínculo entre creador y audiencia.
La cantautora estadounidense Suzanne Vega / Foto: EFEEl elemento común en todos estos casos es la búsqueda de independencia frente a los intermediarios tradicionales. Plataformas de streaming como Spotify o Apple Music han democratizado el acceso, pero también han concentrado el poder en algoritmos y modelos de pago que muchos artistas consideran poco justos. En ese contexto, convertir a los fans en accionistas o socios representa una alternativa atractiva.
Sin embargo, el modelo no está exento de riesgos. La volatilidad de los activos digitales, la falta de regulación clara y la complejidad tecnológica pueden limitar su adopción masiva. Además, existe el peligro de que la música se perciba más como instrumento financiero que como expresión artística, lo que podría alterar la relación emocional que históricamente ha definido al arte.
También hay desafíos prácticos. ¿Cómo se distribuyen las ganancias de manera transparente? ¿Qué porcentaje corresponde a cada fan? ¿Qué sucede si una canción no genera los ingresos esperados? Estas preguntas aún no tienen respuestas definitivas y dependen en gran medida de la infraestructura tecnológica utilizada.
Aun así, el interés por estos modelos sigue creciendo. Plataformas de crowdfunding como Kickstarter o Patreon ya habían abierto el camino al permitir que los fans financien proyectos musicales a cambio de recompensas. La diferencia ahora es que la propuesta evoluciona hacia la propiedad y la participación directa en los ingresos.
El cantante argentino Luck Ra, en su visita a Méxikco / Foto: EFEEn América Latina, iniciativas como la de El Kalvo podrían marcar un punto de inflexión. La región, con una industria musical en expansión y una fuerte cultura digital, ofrece un terreno fértil para experimentar con nuevas formas de financiamiento y distribución. Además, el vínculo cercano entre artistas y audiencias en géneros como el rap o el urbano facilita la implementación de estos esquemas.
Más allá de su viabilidad inmediata, lo cierto es que estas propuestas reflejan una inquietud compartida: la necesidad de redefinir el valor de la música en la era digital. Si el streaming convirtió las canciones en un servicio accesible pero de bajo ingreso por reproducción, modelos como el de accionistas buscan devolverles un valor económico más significativo.
La pregunta de fondo es si el público está dispuesto a asumir ese nuevo rol. Convertirse en accionista implica no solo apoyo emocional, sino también riesgo financiero y una comprensión más compleja del negocio musical. Para algunos fans, esta puede ser una oportunidad de involucrarse más profundamente; para otros, una barrera innecesaria.
En cualquier caso, el debate ya está sobre la mesa. La propuesta de El Kalvo no solo plantea una alternativa al modelo actual, sino que se inscribe en una tendencia global que intenta redistribuir el poder dentro de la industria musical. Si estos experimentos logran consolidarse, podrían redefinir no solo cómo se financia la música, sino también quiénes se benefician de ella.
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y se encuentra en el sitio https://oem.com.mx/elsoldemexico/gossip/la-musica-explora-nuevos-duenos-fuera-de-la-industria-tradicional-29256891

