Científicos identifican nueva especie de oso de agua en el Iztaccíhuatl; destacan su papel ecológico y alertan por extracción de musgo en su hábitat.
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Karen Tlali
En entrevista para Entrelíneas con Adriana Esthela Flores conversamos Francisco Armendáriz Toledano, investigador del Instituto de Biología de la UNAM, sobre la nueva especie de oso de agua identificada en el volcán Iztaccíhuatl, Minibiotus cyclarium, así como su relevancia científica, ecológica y el trabajo colaborativo que permitió su identificación.
El especialista explicó que este hallazgo forma parte de un proyecto interinstitucional enfocado en documentar la diversidad de tardígrados en regiones montañosas de México.
“Es un grupo poco estudiado, la mayor parte de lo que se encuentra es lo descrito para la ciencia o una buena parte, y como es un grupo poco estudiado, la mayor parte de lo que encontramos son especies nuevas”.
Respecto al nombre de la especie, detalló su origen y carga simbólica vinculada con la cultura mexicana y su apariencia microscópica.
“La especie se llama Minibiotus citlalium y justamente citlalium está basado en una palabra en náhuatl, ‘citlali’, que significa estrella. Es un nombre femenino que hace referencia a astros luminosos, que evoca luz, guía y belleza. De hecho, es un nombre muy común mexicano que se asocia a otros sistemas montañosos como El Ciclautepetl, mejor conocido como el pico de Orizaba”.
Sobre sus características, describió que estos organismos, conocidos como “osos de agua”, son prácticamente invisibles a simple vista, pero complejos en su estructura.
“Son animalitos que miden menos de un milímetro y lo maravilloso es que en esa superficie corporal tan pequeña está cubierta por pequeñas ornamentaciones que parecen estrellas, entonces al observarlo al microscopio es como observar una constelación”.
El investigador subrayó la relevancia ecológica de estos microorganismos dentro de los ecosistemas.
“Uno puede encontrar en 10 centímetros cuadrados de musgo hasta en órdenes de miles los animales que viven dentro de ese sustrato y la importancia de ellos es que contribuyen a la formación del suelo”.
En ese sentido, también advirtió sobre los efectos de la extracción de musgo, práctica que impacta directamente estos microhábitats.
“No porque no las veamos quiere decir que no existen y no están teniendo una afectación a esa actividad”.
Armendáriz Toledano destacó que estos estudios no solo permiten ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad mexicana, sino que abren nuevas líneas de investigación, como el uso de tardígrados como bioindicadores ambientales y el fortalecimiento de colecciones científicas nacionales.
a la entrevista de no más de tres párrafos)
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