“Al jazz hecho en México le espera un gran futuro; es necesario abrir más espacios”
▲ El docente y fundador del Cuarteto Mexicano de Jazz durante la entrevista con esta casa editorial.Foto Roberto García Ortiz
Merry MacMasters
Periódico La Jornada
Miércoles 12 de agosto de 2026, p. 7
Al jazz hecho en México le espera un gran futuro, por eso el jazzista Francisco Téllez (Ciudad de México, 1945) pide que se abran más espacios para que el publico pueda disfrutarlo debidamente, tanto físicos como en los medios. El pianista, docente, compositor y director fundador del Cuarteto Mexicano de Jazz recibirá hoy, la Medalla Bellas Artes 2026 en la disciplina de música por su contribución a la profesionalización de este género en México, además de contar con una destacada trayectoria.
Aunque el reconocimiento cae en su persona, Téllez quiere que sea para toda la comunidad jazzística, en la medida que “hemos luchado por muchos años para que esta música sea valorada: comencé dando clases en la Escuela Superior de Música (ESM) en 1968, además de participar de alguna forma en el movimiento estudiantil. Al terminarse, bueno, nunca ha terminado, siempre ha seguido una lucha para que la educación musical cambiara.
“En el Conservatorio Nacional de Música antiguamente no le permitían a uno tocar algunas cosas de la música. Pasaba el perfecto y te quitaba el cubículo de estudio. Ya cuando se viene el movimiento estudiantil y Francisco Núñez entra como director de la ESM, se crean talleres con diferentes perfiles: el de grafía musical, de ópera, de música antigua, de música mexicana y el de jazz.
“Resulta que había mucha deserción en las escuelas de música. Los alumnos estudiaban dos, tres, cuatro años y se iban porque estaban enfocadas principalmente en la música de concierto. Al crear los talleres tuvimos un auge muy fuerte y el de jazz se convirtió en licenciatura. Actualmente, hay muchísimos jazzistas egresados de la ESM”, expresa Téllez quien impartió el primer taller de jazz y estuvo al frente de la creación de esta carrera.
“Nos proporcionaron pedagogos para crear el plan de estudios. Era un momento difícil porque no había escuelas en México que dieran esos cursos. Uno sabía que había cursos en algunas otras partes del mundo, sin embargo, no es como ahora. Hay en todos lados. Es raro un conservatorio que no dé clases de jazz”, puntualiza.
Género nacido tanto en los lupanares como en las iglesias, para Téllez el jazz tiene una característica de importancia que comparte con la música de concierto: la improvisación. “Sabemos que Beethoven, Bach y Chopin eran grandes improvisadores. La improvisación es la madre de la creación. Los músicos de jazz de alguna manera somos todos compositores porque creamos música en el momento de la ejecución. La vamos cambiando”. Téllez destaca la importancia de la participación del público: “empieza uno a tocar y aunque no ve la audiencia siente el aplauso o que le guste”.
–¿Se puede hablar de un jazz mexicano?
–Sí. Considero que los músicos de jazz en México tenemos la influencia de los africanos mucho antes que en Estados Unidos. Siempre traigo a colación el libro de Gonzalo Aguirre Beltrán sobre la población negra en México. Al tocar el jazz los mexicanos tenemos una forma de adaptarnos: la hacemos más flexible. No hay error, lo componemos en el momento. Por eso creo que en el futuro el jazz va a ser más mexicano. En otras épocas fui objeto de críticas en el sentido de “bueno, cómo tocas jazz. No eres negrito, ni esclavo”.
Más allá de las grabaciones, los músicos que influyeron en Téllez fueron los que vio en vida: “En 1968 cuando se hicieron los Juegos Olímpicos, también hubo una Olimpiada Cultural. Vino Theolonius Monk, la banda de Duke Ellington, el Modern Jazz Quartet de John Louis y Dave Brubeck, entre otros, a quienes vi tocar. De primera mano uno los escucha, entonces esas son las influencias más fuertes. Escuché en otro momento a Charles Mingus y Bill Evans cuando vinieron a la Sala Nezahualcóyotl. Eso independientemente de algunos otros músicos muy fuertes históricamente como Miles Davis y Charlie Parker, que influyeron en todos nosotros”.
Como compositor Téllez tiene más de 6 mil 300 piezas porque “en un tiempo me dediqué a componer una diario, con la finalidad de aprender a hacerlo. A lo mejor algunas no son buenas, sin embargo, respeto a este Francisco Téllez de cuando lo compuso”. Una de estas composiciones es el título del disco compacto Booper’s de la calle (2024), dedicado a un grupo de alumnos suyos de la ESM que encontró tocando afuera de un restaurante de Coyoacán porque no había suficiente espacio adentro.
En cierto momento era “muy caro grabar un disco de vinilo. Ahora, la gran dificultad que tenemos es que ya no existe el compacto ni el vinilo. La única forma de difundir el jazz es a través de las redes, pero pagan 0.0008 por ciento por la reproducción. Luego, uno se da cuenta que las redes ocupan nuestra música y anda por todos lados.
“Con la invasión de la inteligencia artificial con el mismo teléfono creas una melodía y le pides a la IA un arreglo para orquesta sinfónica o grupo de jazz, lo hace y luego lo suben. Aparte está la invasión que tenemos en las estaciones de radio con la música, toda es válida, sin embargo, la escucha uno y… para mi debería existir una democratización de los medios de comunicación. Que el público pudiera escuchar desde la música clásica hasta la música folclórica de los diferentes países. La música del jazz como es creativa en el momento de su ejecución, el público nos sigue.”
Jubilado de la ESM, Téllez desea aprovechar al máximo su tiempo para “tocar más la música de Duke Ellington, Charles Mingus y la mía propia”. Hoy en la ceremonia de entrega de la Medalla Bellas Artes 2026, a las 12 horas en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, el pianista interpretará Mar adentro, de su autoría.
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