La dependencia de Occidente del uranio ruso podría aumentar en los próximos años hasta niveles comparables con la dependencia europea de los hidrocarburos rusos antes de 2022, informó Financial Times.
Esta situación tiene dos causas principales. Tras el accidente de Fukushima en 2011, la demanda mundial de energía nuclear cayó y los precios del uranio permanecieron durante años en niveles relativamente bajos. Como consecuencia, hubo pocos incentivos para invertir en nuevas minas y aumentar la capacidad de producción en otros países.
Rusia, en cambio, aprovechó este periodo para reforzar su posición en toda la cadena nuclear. Además de desarrollar su producción nacional, las empresas rusas ampliaron sus actividades mineras en el extranjero, especialmente en países como Kazajistán, Namibia y Tanzania. Según datos atribuidos a Rosatom (empresa nuclear estatal rusa), Rusia ocupa el primer lugar mundial en enriquecimiento de uranio, con alrededor del 36 % del mercado, el tercer puesto en extracción con un 12 %, y controla aproximadamente el 18 % del mercado de combustible nuclear.
La influencia rusa podría incluso aumentar. Un ejemplo reciente es Níger, donde Moscú ha alcanzado acuerdos para desarrollar proyectos de extracción de uranio después de la salida de la empresa francesa que operaba en el país. Esto permitiría a Rusia ampliar todavía más su presencia en una industria estratégica.
Un caso excepcional
La situación del sector nuclear contrasta con la de los hidrocarburos rusos. A diferencia del petróleo y el gas, la industria nuclear rusa no ha sido objeto de sanciones occidentales de una magnitud comparable. EE.UU. prohibió durante la Administración de Joe Biden la compra de uranio ruso, pero mantuvo la posibilidad de conceder licencias especiales para determinadas operaciones. Como resultado, las empresas estadounidenses continuaron comprando uranio ruso: en 2025, las exportaciones hacia EE.UU. alcanzaron aproximadamente los 1.000 millones de dólares.

Al mismo tiempo, Rusia continúa expandiendo su negocio nuclear internacional. Rosatom participa en la construcción de centrales en numerosos países y actualmente tiene 33 reactores en distintas fases de desarrollo en 12 países.
El resultado es una paradoja: mientras Occidente intenta reducir su dependencia energética de Rusia, Moscú conserva una posición especialmente fuerte en un sector mucho más difícil de sustituir rápidamente. La creación de nuevas minas, plantas de enriquecimiento y cadenas alternativas de suministro requiere años de inversiones. Por ello, reducir la dependencia del uranio ruso podría resultar considerablemente más difícil de lo que parece.
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