La Habana/Cuba cerró el último mes del año 2025 con una inflación interanual del 14,07% en el mercado formal, según los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei). La cifra, presentada como una señal de “desaceleración”, está 10 puntos porcentuales por debajo de la registrada en diciembre de 2024, cuando el índice de precios al consumidor (IPC) creció un 24,88%. Sin embargo, para buena parte de los economistas –y para la mayoría de los bolsillos– ese número no refleja la realidad cotidiana.
La propia metodología oficial deja fuera al mercado informal, hoy mayoritario y mejor surtido que el estatal. Al incorporar esos precios, la inflación real de 2025 “rondaría el 70%”, de acuerdo con estimaciones del economista cubano Pavel Vidal. La distancia entre ambas mediciones es el abismo que separa las estadísticas del Estado de la experiencia diaria de millones de cubanos.
Según la Onei, la variación mensual de diciembre fue del 0,88% en relación con el mes anterior y la inflación acumulada del año coincidió con la interanual (14,07%). Por categorías, el mayor repunte se registró en Bebidas alcohólicas y Tabaco (69,82%), seguido por Restaurantes y Hoteles (21,46%), Educación (17,22%), Servicios de la vivienda (14,47%) y Alimentos y bebidas no alcohólicas (13,9%). Comunicaciones (0,46%) quedó como el rubro menos inflacionario, pese al fuerte aumento de tarifas de la navegación web aplicado el 30 de mayo, que desató protestas por el encarecimiento de las recargas móviles.
El contraste entre el dato oficial y la vida real se vuelve más evidente cuando se mira el período completo desde el año 2020. Las estadísticas del propio Gobierno reconocen que la inflación ha triplicado los precios en la Isla en cinco años: 77% en 2021, 39,07% en 2022, 31,34% en 2023, 24,88% en 2024 y ahora 14,07% en 2025. La secuencia sugiere una desaceleración, pero el nivel acumulado sigue siendo muy alto, especialmente en una economía que no crece.
De hecho, Cuba vive un cuadro de estancamiento e inflación de manera simultánea. El economista Pedro Monreal advierte que 2025 fue “el peor año de estanflación desde 2020”, una combinación de contracción del producto interno bruto (PIB) e inflación elevada. La economía se contrajo un 1,1% en 2024 y acumula una caída del 11% en los últimos cinco años, según cifras oficiales. La Cepal prevé, además, que el PIB vuelva a ser negativo.
El economista Pedro Monreal advierte que 2025 fue “el peor año de estanflación desde 2020”
Monreal subraya que el Gobierno ha utilizado el “retraso” de salarios y pensiones frente a la inflación como herramienta antiinflacionaria. En la práctica, esa estrategia reduce el poder adquisitivo, enfría la demanda y tiene un efecto recesivo que termina profundizando la crisis. Para el economista, el problema no es solo el ritmo de los precios, sino la “discutible confiabilidad” de su medición oficial, que tiende a subvalorar la inflación al excluir los mercados donde realmente compra la población.
El comportamiento de los alimentos ilustra bien el desfase. Entre mayo y diciembre de 2025, el aumento de los precios de los alimentos implicó, en promedio, el 58,1% del incremento de la inflación general. En siete de los ocho meses de ese período, el índice de precios de los alimentos creció más que el IPC total. Y no se trata solo de productos importados: en diciembre se registraron alzas notables en alimentos que pueden producirse en el país, una señal de los problemas estructurales de la oferta nacional.
La crisis que arrastra la Isla desde hace más de cinco años es visible en la escasez de básicos –alimentos, medicinas, combustible–, en la dolarización creciente, en los prolongados apagones y en la pérdida sostenida del poder adquisitivo. A ese cuadro se suman los efectos de la pandemia, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses desde la primera Administración de Donald Trump y una secuencia de políticas económicas y monetarias fallidas que no han logrado estabilizar los precios ni reactivar la producción.
El resultado es un profundo malestar social. Las protestas, inusuales durante décadas, se han repetido en los últimos años, y la migración masiva –sin precedentes por su escala y duración– se ha convertido en una válvula de escape para quienes no ven otra salida. En ese contexto, hablar de una inflación del 14% puede sonar a alivio estadístico, pero no alcanza para explicar por qué el salario se evapora a los pocos días de cobrarlo.
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