▲ El jugador Paul Dawson festeja con la afición el triunfo de la tercera ronda de la Copa FA. Después de haber sufrido una lesión sangrienta, el capitán del Macclesfield anotó el primer gol del partido.Foto Afp
Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Domingo 11 de enero de 2026, p. a10
Macclesfield es una ciudad en el noroeste de Inglaterra que apenas rebasa los 50 mil habitantes. Tiene un museo dedicado a la historia de la seda, una industria que se desarrolló en la región en el siglo XIX, una cafetería familiar llamada Hannah’s Place, fundada por dos hermanas, y una comunidad que ayer sintió que todos sus integrantes eran protagonistas de un relato fantástico. Como una Cenicienta en botines y sobre la cancha.
El modesto club de futbol de la localidad, de la sexta división, derrotó (2-1) al Crystal Palace que juega en la multimillonaria Liga Premier y para mayor épica era el campeón defensor de la Copa FA.
El Macclesfield se fundó apenas hace cinco años. Pero los orígenes del club se remontan al siglo XIX, justo en el auge de la industria que les dio apodo a los jugadores: “los hombres de seda”. Durante más de un siglo el nombre fue Macclesfield Town, pero las penurias financieras los condenaron a una refundación en 2020, aunque en el fondo no cambió la identidad del equipo ni, sobre todo, la relación profunda con su comunidad.
De modo que Macclesfield nació prácticamente con la Copa FA, el torneo nacional más antiguo del futbol fundado en 1871, que enfrenta en eliminación directa a todos los clubes elegibles del sistema deportivo inglés. En esta competencia pueden jugar equipos considerados fuera de liga –porque están entre la quinta y la novena categoría– y disputar encuentros con las máximas figuras de la Liga Premier. Eso le da un tono aparentemente democrático, aunque la diferencia abismal en el peso financiero de las plantillas suele pesar demasiado en los resultados.
Dignidad y entereza
Era evidente que el favorito era el Crystal Palace y el Macclesfield, a 117 lugares de distancia en la jerarquía de clubes, lucía como un pequeño equipo de aficionados que se miden ante profesionales. Sin embargo, el entrenador del equipo más modesto, John Rooney –hermano de Wayne, la ex estrella del Manchester United–, les transmitió que en estos partidos lo que está en juego es la dignidad y la entereza del futbol como acontecimiento de una comunidad.
Y el juego fue una extensión de esa voluntad. Anotaron primero con un remate del capitán Paul Dawson casi al final del primer tiempo. Y al regreso del vestidor Isaac Buckley-Ricketts aumentó la ventaja y a toda la afición se le salió el corazón por la boca y se abrazó para festejar que todos eran de la misma materia con la que estaban fabricados los chicos sobre la cancha. Había que cerrar la gesta por lo alto y por eso sólo se escuchaba el clamor de “¡Queremos tres!”, pero una falta que cobró el rival casi al terminar el encuentro dejó el marcador definitivo de 2-1 y entonces los seguidores saltaron desde las gradas a la cancha.
“No puedo creerlo, nunca pensamos que estaríamos en esta posición”, dijo el entrenador de Macclesfield, John Rooney, a la BBC.
En una era en la que el futbol pertenece menos a la gente, este tipo de victorias devuelven su sentido al juego como acontecimiento social que vincula a una comunidad. En el café Hannah’s Place, en el museo de la seda y en el ayuntamiento exhibieron el orgullo por esos jugadores que convocaron a la población de Macclesfield.
La BBC reportó lo que parecía el resumen del sentimiento de una comunidad expresado por una aficionada: “Nunca tengan miedo de soñar y creer. ¡Qué resultado, qué equipo! Estoy sumamente orgullosa y un poco emocionada”.
Mientras que un aficionado del derrotado Crystal Palace reconocía la belleza de esta gesta: “Muy bien hecho, Macclesfield de sexta división. ¡La magia de la Copa FA!”
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