Silent Book Club, que reúne a lectores para leer durante una hora sin charlar, ha ganado mucha popularidad recientemente gracias a subcomunidades de redes sociales como BookTok y Bookstagram. “Lo llamamos la hora feliz de los introvertidos”, dice Guinevere de la Mare, cofundadora del grupo, que cuenta con más de 1000 secciones en 50 países. “Los clubes de lectura silenciosos surgieron como una forma de volver a interactuar con otras personas sin presión y sin riesgos después de la pandemia”.
A pesar de su nombre, los eventos del Silent Book Club no están completamente desprovistos de sonido. Sus lugares de reunión, a menudo cafeterías locales, tienen su propio ruido, pero unas cuantas cafeterías en las que no se habla en Japón demuestran que los locales ruidosos no tienen por qué ser la norma. El más reciente, el nuevo café silencioso Shojo en Osaka, está gestionado en su mayor parte por personas sordas o con dificultades auditivas. El local fomenta un ambiente tranquilo y sin charlas; los clientes utilizan el lenguaje de señas, la escritura a mano y los gestos para pedir la comida.
Los lugares con poco volumen son más difíciles de encontrar en Estados Unidos, pero no imposibles. Starbucks, por ejemplo, anunció recientemente la introducción de diseños de techos que absorben el ruido, conocidos como deflectores, en más de mil tiendas. La plataforma Soundprint, “el Yelp de los restaurantes tranquilos”, permite a los usuarios medir y compartir los niveles de ruido en establecimientos de todo el mundo, desde cafeterías hasta discotecas. En su mapa global aparecen más de mil lugares de reunión con niveles de ruido medidos, clasificados desde tranquilos (por debajo de 70 decibelios) hasta muy ruidosos (por encima de 81 decibelios).
Las desintoxicaciones digitales y los lugares tranquilos solo te llevan hasta cierto punto, especialmente en las ciudades ruidosas, donde reside más del 50 % de la población mundial.
La Organización Mundial de la Salud ha calificado la contaminación acústica como uno de los principales factores ambientales que provocan problemas de salud, solo superada por la contaminación atmosférica, un hecho que no sorprende dado que los habitantes de las ciudades están expuestos de forma crónica a ruidos superiores a 85 decibelios. Además, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos estima que la contaminación acústica se duplica cada 30 años, y está aumentando más rápidamente que la población del país.
“El principal problema en las ciudades es siempre el ruido del tráfico rodado; por eso mucha gente está impulsando la idea de los vehículos eléctricos”, explica Francesco Aletta, arquitecto, planificador de sonido urbano y profesor de la University College London. Los vehículos eléctricos son significativamente más silenciosos que los coches de combustible fósil a velocidades más bajas en zonas residenciales. En las autopistas, donde el ruido proviene de los neumáticos, las autoridades municipales están adoptando tecnologías más silenciosas para el asfalto, detalla Aletta.
Lamentablemente, las medidas a nivel gubernamental requieren tiempo y trámites burocráticos, especialmente en lugares como Estados Unidos, donde la investigación sobre la exposición al ruido sigue estando muy poco estudiada y regulada. Sin embargo, las ciudades están mostrando ligeros signos de progreso. El año pasado, el Ayuntamiento de Nueva York instaló cámaras de ruido para controlar los vehículos que superan el límite de 85 decibelios de la ciudad. Las normas que limitan el uso de ruidosos sopladores de hojas a gasolina están silenciando las zonas urbanas y suburbanas de todo Estados Unidos, desde Washington D. C. hasta Portland, Oregón.
La vegetación también puede desempeñar un papel importante. Plantar hileras de árboles en las autopistas reduce el ruido hasta en 12 decibelios. Y los muros vivos, como el exterior con 30 000 plantas de un edificio de oficinas en Düsseldorf, Alemania, la fachada verde más grande de Europa, absorben el ruido y minimizan el calor urbano.
Una tecnología que, según Aletta, seguirá respondiendo a la demanda de silencio de la sociedad son los dispositivos portátiles, como los relojes inteligentes, que alertan a los usuarios sobre los niveles de ruido ambiental.
“En el momento en que empiezas a monitorizar y a tomar conciencia, pasas a la acción”, reconoce, señalando los recientes avances, como la aprobación en Gales de una ley para proteger los paisajes sonoros junto con el aire limpio, lo que le da esperanzas. “Considero que este tipo de políticas y estas nuevas leyes son una buena señal de que la situación está cambiando”.
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