A 110 años del Congreso Feminista de 1916, las propuestas y luchas de Rita Cetina y Elvia Carrillo Puerto se mantienen vigentes: pioneras que desafiaron las normas conservadoras de su época y abrieron el camino para la participación de las mujeres en la vida política de México.
Laura Velarde
¿Por qué las mujeres no pueden ser dirigentes?
La pregunta se formuló en enero de 1916, en Mérida, Yucatán, durante el primer Congreso Feminista de México. A 110 años de distancia, sigue resonando como una interrogante fundacional en la historia de los derechos de las mujeres en el país.
En el Teatro Peón Contreras, mujeres —en su mayoría maestras— se reunieron para pensar un México distinto. No solo demandaron el derecho al voto, también el acceso a la educación, la autonomía, la libertad y el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Aquellas voces abrieron un debate que desbordó su tiempo.
En una sociedad marcada por el conservadurismo, no faltaron quienes afirmaron que “no era el momento” o que las mujeres “no estaban listas”. Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado que aquella exigencia era no solo legítima, sino imprescindible. Así lo destacó Citlali Hernández, secretaria de las mujeres:
“A 110 años de distancia, sin duda las mujeres hemos ido conquistando más derechos, más libertades y seguiremos avanzando porque hemos pasado de ser invitadas a ser protagonistas de la historia”.
Unas admirables
El legado de las congresistas de 1916 no se limita a sus resoluciones. También vive en la memoria de su organización colectiva, de la solidaridad entre mujeres y de la convicción con la que ocuparon el espacio público.
Así lo recuerda la historiadora y archivista mexicana, la doctora Piedad de Peniche.
“Y entonces el día del congreso llegan las mujeres, entran en parroquias y llegan y había un comité de bienvenida que de las bibliotecas, de las meridanas que las iban a a buscar y las llevaban a las escuelas porque las escuelas funcionaron como como hoteles. Y ahí se alojaron estas maestras, estas mujeres que venían de otros lugares de municipios del estado. Una organización fantástica. Fantástica.
Unas admirables”.
Hoy, más de un siglo después, las mujeres han pasado de ser invitadas a convertirse en protagonistas de la vida pública. Participan, deciden y transforman.
Las congresistas de 1916 no solo respondieron a su tiempo: lo transformaron. Y en ese gesto fundacional dejaron una enseñanza que permanece vigente. Hoy, ese ejercicio de imaginación sigue siendo una tarea viva.
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