Al igual que los árboles de Navidad reales, los árboles artificiales nacieron en Alemania. Pero estos nacieron por necesidad. “Los árboles naturales presentaban problemas y los inventores buscaron formas de resolverlos, de crear algo mejor y de obtener beneficios con ello”, rememora Chris Cascio, conservador del Museo y Biblioteca Hagley.
Uno de esos problemas era la deforestación, que había provocado una escasez de árboles de Navidad reales en el siglo XIX. Para mantener la alegría y el brillo de las fiestas, los alemanes crearon sus propios árboles colocando varillas metálicas a modo de ramas y adornándolos con plumas de pájaros, todo ello pintado de verde, por supuesto. Ese primer prototipo de árbol de Navidad artificial pronto se extendió a la Inglaterra victoriana, los Estados Unidos y otras naciones que celebraban esta fecha.
La gente de todo el mundo también empezaba a preocuparse por el peligro de los incendios domésticos provocados por las ramas secas. En 1899, el Minneapolis Times pedía: “Es hora de que algún inventor dé un paso al frente con un árbol de Navidad de alambre que garantice un regalo para cada miembro de la familia y que sea absolutamente ignífugo”.
En realidad, los inventores ya estaban trabajando en ello. La primera patente estadounidense para un árbol artificial se concedió a August Wengenroth, de Troy, Nueva York, en 1882, y él era solo uno de los muchos inventores de todo el mundo.
Los primeros inventores crearon árboles falsos con todo tipo de materiales: troncos de madera o metal que podían sostener ramas reales cortadas o toques artificiales como “follaje” de papel de aluminio verde, árboles hechos con pelo reutilizado o cepillos de alambre para inodoros, y “árboles de oropel” hechos de aluminio que incluso podían iluminarse con una rueda de colores que cambiaba de tono al girar.
Pero a medida que la década de 1960 llegaba a su fin y el aluminio quedaba en desuso, creció el interés por los árboles realistas y un hombre estaba listo para aprovechar el momento: el ex piloto de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial Si Spiegel.
Spiegel era maquinista en The American Brush Machine Company, que durante años había intentado sin éxito reutilizar sus cepillos para árboles de Navidad, hasta que Spiegel, utilizando árboles reales como modelos, finalmente logró perfeccionar el proceso.
A Spiegel se le asignó su propia división de la empresa, llamada American Tree and Wreath, y en la década de 1970 ya producía 800 000 árboles al año, uno cada cuatro minutos. “No se trata solo de que diseñara la maquinaria para fabricar árboles de mayor calidad, rápidamente y a menor costo”, explica Cascio. “Lo hizo en el momento adecuado, justo cuando los estadounidenses estaban preparados”.
Es posible que hayas oído a gente discutir sobre qué tipo de árbol es realmente más ecológico, si los reales o los artificiales. Algunos argumentan que hay que comparar la huella de carbono de los árboles reales con la de los artificiales, que pueden utilizarse y reutilizarse durante décadas.
Pero los expertos afirman que el carbono es solo una parte de esta historia navideña.
“Se calcula que hay unas 15 000 granjas de árboles de Navidad en Estados Unidos, casi todas ellas de propiedad y gestión familiar”, detalla Bert Cregg, experto en producción de árboles de Navidad y silvicultura de la Universidad Estatal de Míchigan.
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