Alientan expertos a crear una cadena productiva en el país para la nueva era aeroespacial

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Alientan expertos a crear una cadena productiva en el país para la nueva era aeroespacial

▲ “Vamos”, insta la pancarta firmada por empleados y contratistas de la NASA después de que el cohete Artemis II y la nave espacial Orión se desplegaran hacia la plataforma de lanzamiento en el Centro Espacial Kennedy el 18 de enero pasado, en Florida.Foto Ap

Eirinet Gómez

 

Periódico La Jornada
Martes 27 de enero de 2026, p. 6

México observa el regreso de la humanidad a la Luna desde una posición ambigua: si bien cuenta con comunidades científicas activas y capacidades técnicas en crecimiento, carece de una estrategia integral para insertarse en la nueva era aeroespacial.

En entrevistas por separado, los expertos Gustavo Medina Tanco y Gustavo Cabrera Rodríguez plantean que si el país aspira a participar en esta etapa de expansión más allá de la órbita terrestre, deberá fortalecer al menos tres pilares: infraestructura, desarrollo tecnológico y un marco legal capaz de responder a las nuevas dinámicas del espacio.

“¿A dónde se va la inversión de capital? A aquellos países que tienen un marco jurídico más adecuado para realizar la actividad. Países como Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Japón, e incluso países pequeños como Luxemburgo, han creado una legislación innovadora para el sector espacial”, dice Medina Tanco.

Resalta el caso de Luxemburgo, que ha buscado un nicho en la economía espacial, al especializarse en legislar sobre la Luna. “Muchas startups (empresas de reciente creación que se basan en las tecnologías de la información y la comunicación) focalizadas en la Luna se han ido a basar allá”, apunta el experto.

México ha dado algunos pasos en esta dirección, aunque de manera intermitente. En marzo de 2023, aprobó una reforma a los artículos 28 y 73 de la Constitución para establecer que las actividades espaciales, incluida la Luna y los cuerpos celestes, son áreas prioritarias para el desarrollo nacional, además de facultar al Congreso de la Unión para legislar en la materia.

Sin embargo, la legislación quedó detenida en el Senado de la República. “Ahora se está haciendo un nuevo esfuerzo, estamos tratando de moverlo y a partir de ahí trabajar con los actores verdaderos del sector espacial en el país”, apunta Cabrera Rodríguez.

Ambos expertos coincidieron en la importancia de que el Congreso desarrolle las leyes secundarias adecuadas, que no se copie una legislación de otro país, sino que se haga una legislación disruptiva e innovadora para permitir y promover el desarrollo del sector espacial.

El país arrastra también un pendiente histórico en materia de infraestructura aeroespacial.

Uno de los pocos hitos en este rubro se remonta a mediados del siglo pasado: la torre de telecomunicaciones del entonces Centro SCOP, ubicada sobre el Eje Central, y construida en 1966 para transmitir en vivo las Olimpiadas de México 1968.

Otro dato que ilustra el rezago es que el país sólo tiene seis satélites: dos que pertenecen al Ejército y cuatro civiles, de los cuales tres están dedicados a telecomunicaciones y uno se encuentra en desuso por haber agotado su vida útil.

Nichos de oportunidad

Medina Tanco considera una buena señal que el gobierno federal hable de poner en órbita un satélite mexicano y reconozca la relevancia de la soberanía espacial. Pero se pronuncia por ir más allá y diseñar una política pública que encauce los esfuerzos que se realizan en el sector.

Coincidió en la necesidad de desarrollar una estrategia de mediano y largo plazos para identificar los nichos de oportunidad y a partir de ahí desarrollar plataformas de lanzamiento, fabricación de satélites, formación técnica de personal y construcción de estaciones terrestres.

México, por su ubicación geográfica, tiene lugares ventajosos para construir plataformas de lanzamiento. Uno de estos sitios con potencial se encuentra en el sur de Yucatán y norte de Campeche. Incluso, la agencia espacial KARI de Corea del Sur ha expresado su intención de construir una plataforma de lanzamiento de cohetes de baja atmósfera en Baja California.

“La infraestructura es esencial, las inversiones deberían ser grandes y sintonizadas con base en las necesidades del país y de los objetivos de desarrollo”, apunta el académico de la UNAM.

Para el desarrollo de tecnología, los expertos subrayan la importancia de descubrir nichos de oportunidad: “No podemos meternos en todo. Hay que detectar dónde podemos ser competitivos e innovadores”.

Mencionan que en el caso de la expansión económica a la Luna, uno de estos nichos a desarrollar en México es la minería. Hasta ahora el ejemplo más sólido en este rubro es el proyecto Colmena, la primera misión espacial de México a la Luna liderada por Medina Tanco.

En el país hay al menos 10 universidades que tienen carreras vinculadas con la ingeniería aeroespacial, además de media docena de empresas relevantes en el mundo espacial con sede en estados como Querétaro, así como sedes industriales que fabrican piezas para SpaceX, la empresa espacial de Elon Musk.

En ese escenario, Cabrera Rodríguez se pronunció por crear una política de economía industrial: “brinquemos de ser manufactureros a empresarios. Si la mano de obra está reconocida, si las certificaciones se nos dan, pues crezcamos, hagamos una cadena productiva”.

Para ambos especialistas, el reto para México en la nueva era aeroespacial no es sólo definir si quiere participar, sino establecer cómo, para qué y con qué modelo de desarrollo desea hacerlo.

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