La Habana/Vestido de verde olivo y flanqueado por la cúpula militar, Miguel Díaz-Canel Bermúdez volvió a aparecer este sábado en un ejercicio táctico en el municipio habanero de Diez de Octubre, como parte del Día Nacional de la Defensa. La escena, con misiles de fondo y consignas de resistencia, resume la apuesta del régimen por exhibir algo de músculo bélico y cierta cohesión política mientras la vida cotidiana se desmorona.
El mandatario, en su condición de presidente del Consejo de Defensa Nacional y primer secretario del Partido Comunista, supervisó maniobras en la zona de defensa de Tamarindo. Lo acompañaron los generales Álvaro López Miera y Lázaro Alberto Álvarez Casas, ministros de las Fuerzas Armadas y del Interior, respectivamente. En paralelo, en todas las zonas de defensa del municipio, se desarrollaron actividades que incluyeron entrenamientos sanitarios y acondicionamiento de “teatros de operaciones”.
Las autoridades han multiplicado los ejercicios de defensa en todo el país como parte de la “preparación combativa” ante una “eventual agresión de Estados Unidos”. En redes sociales, dirigentes del Partido Comunista insistieron en que la “guerra de todo el pueblo” es la doctrina estratégica y que términos como “rendición” y “derrota” están borrados del vocabulario oficial.
Desde la Isla de la Juventud, también el primer ministro Manuel Marrero Cruz reforzó este sábado la narrativa de amenaza permanente
Durante cuatro sábados consecutivos, desde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, Díaz-Canel y otros altos cargos castrenses han encabezado entrenamientos que incluyen simulacros de emboscadas, instalación de minas, defensa territorial y sanidad militar. Hace dos semanas, el Consejo de Defensa Nacional aprobó “planes y medidas” para avanzar hacia un eventual “Estado de Guerra”, sin ofrecer detalles.
La Habana continúa elevando el volumen de su confrontación verbal con Washington, aunque también intercalan mensajes de paz y diálogo. En los actos de tributo a los militares eliminados en Caracas, Díaz-Canel afirmó que “no hay rendición ni claudicación posible”, una frase que se repite como mantra en cada comparecencia.
Desde la Isla de la Juventud, también el primer ministro Manuel Marrero Cruz reforzó este sábado la narrativa de amenaza permanente. “La voluntad y la firmeza del pueblo cubano es indiscutible, pero no podemos confiarnos”, dijo, señalando que el “enemigo principal” es la confianza. Sus declaraciones se produjeron en medio de prácticas de tiro, simulacros de defensa y acciones políticas e ideológicas, supervisadas por altos dirigentes del Consejo de Defensa Nacional.
En la narrativa oficial, la guerra involucra a toda la sociedad. Díaz-Canel recordó uno de los conceptos transversales de la doctrina: que “cada cubana y cada cubano tenga una forma, un lugar y un medio en la defensa”. En la práctica, esta concepción implica la incorporación de civiles a brigadas de producción y defensa, la participación de menores de edad en movilizaciones barriales y la asimilación de un escenario de amenaza permanente como parte de la vida cotidiana.
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