▲ La mandataria ensaya ganchos, uppers y hace sombra con ayuda de Diana Bonita Fernández. Su programa también tendrá impacto en 100 mil niñas, niños y adolescentes de todo el país.Foto tomada de redes sociales
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de febrero de 2026, p. a11
La presidenta Claudia Sheinbaum se ajusta los guantes. No hay rastro de la formalidad del blazer o los vestidos bordados que le regalan artesanas nacionales. Los zapatos formales también ceden su lugar a los que brindan apoyo firme sobre la lona del gimnasio. A diferencia del rostro grave de las boxeadoras profesionales, ella sonríe. Ensaya ganchos, uppers, hace sombra con ayuda de dos jóvenes que la asisten, las peleadoras regiomontanas Cecy y Magali Rodríguez. Todo es estilo y destreza, más afín a la danza o la música que a la parafernalia de un combate.
Quienes la observan no sólo graban en video el anuncio de un programa social dirigido a los jóvenes, denominado Boxeando por la paz, el cual beneficiará a 5 mil boxeadores profesionales con un salario mensual de 9 mil 500 pesos; sino que además encuentran el placer de revivir la mística de los viejos combates. Sus compañeras de entrenamiento en esta ocasión son las campeonas Diana Bonita Fernández y Jackie Nava, pionera del boxeo femenil.
Apoyo económico
“Son 5 mil boxeadoras y boxeadores profesionales que van a recibir un salario mínimo, más de 9 mil 500 pesos mensuales. Aparte ellos van a poder seguir desarrollando sus actividades para competir y le van a dar clases, por lo menos una hora diaria, a 100 mil niñas, niños y adolescentes de todo el país”, anuncia la mandataria a los pies del cuadrilátero, acompañada también por el entrenador y mánager Sergio Reyna, quien le calza los guantes. Su identificación con el boxeo la establece no el espectáculo, sino en la convicción de mejorar el futuro de los jóvenes a través del deporte, que cada día lleguen más niños y adolescentes al gimnasio.
Sheinbaum practica combinaciones, pone en marcha una habilidad que fluye en secuencias de uno-dos, uno-dos, hasta que la sesión llega a su fin. No hace falta el ceremonial toque de campana, porque su impulso no lo dicta un cronómetro. Si a los boxeadores aficionados se les entrena para ganar sus combates por puntos, ella prefiere una estrategia más audaz: buscar el nocaut desde las causas y necesidades de los jóvenes, quienes, aunque aún no suben al ring, son el centro de su combate.
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