El boxeo, refugio y liberación para niñas y adolescentes afectadas por ataques a Gaza
▲ Refugiadas en el campamento de Jan Yunis combaten así los traumas de la guerra.Foto Afp
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Periódico La Jornada
Miércoles 11 de febrero de 2026, p. a11
Jan Yunis. En un ring improvisado entre las tiendas de un campamento de desplazados del sur de la franja de Gaza, un grupo de niñas y adolescentes golpea con fuerza a su oponente, siguiendo las instrucciones de un entrenador.
Osama Ayub tenía un club de boxeo en la ciudad de Gaza, en el norte del territorio palestino, que quedó destruido, al igual que su ca-sa, durante los devastadores ataques de Israel. Ahora está refugiado en Jan Yunis, en el sur, y decidió poner sus habilidades deportivas al servicio de los desplazados, que se hacinan por decenas de miles en refugios improvisados.
“Decidimos trabajar dentro del campamento”, cuenta el entrenador, con la esperanza de que el aprendizaje del boxeo ayude a las jóvenes a liberarse del trauma de los ataques.
En el ring, instalado sobre la arena, las deportistas se enfrentan entre ellas, alentadas por sus compañeras, y otras entrenan con un saco de boxeo.
“Las jóvenes se vieron afectadas por la guerra y los bombardeos. Algunas perdieron a su familia o a seres queridos. Sienten dolor y quieren liberarlo. Encontraron en el boxeo una forma de expresar sus emociones”, subrayó Ayub. “Sus familias vienen a verlas, se sienten felices y las animan”.
Tres veces por semana, los sábados, lunes y miércoles, Ayub dirige estos entrenamientos gratuitos destinados a 45 boxeadoras de entre 8 y 19 años.
Ghazal Raduane, de 14 años, es una de ellas. “Practico boxeo para desarrollar mi personalidad, liberar mi energía reprimida y convertirme en campeona enfrentándome a monarcas del mundo en otros países, haciendo ondear la bandera palestina por todo el planeta”, aseguró.
En el territorio en ruinas, donde escasean los materiales de construcción, Ayub tuvo que improvisar para crear su pequeña instalación.
“Trajimos madera y construimos un ring de boxeo cuadrado, pero no hay colchonetas ni medidas de seguridad”, explicó mientras pidió a la comunidad internacional que apoye a las boxeadoras y las ayude a entrenar en el extranjero “para reforzar su confianza y ofrecerles apoyo sicológico”.
Rimas, otra joven boxeadora de 16 años, cuenta cómo ella y sus compañeras continúan “practicando boxeo a pesar de la guerra, los bombardeos y la destrucción”.
Lanzó al mundo un mensaje: ‘Nosotras, las chicas que boxeamos, esperamos su apoyo. Necesitamos guantes y zapatos. Entrenamos sobre la arena y necesitamos colchonetas y sacos de boxeo’”.
A finales de 2025, Jibril Rajoub, presidente del Comité Olímpico Palestino, emitió un duro comunicado sobre la situación de su país.
“Permítanme recordarles el coste humano que ha pagado nuestra familia deportiva. Más de mil atletas han perdido la vida. Miles más están heridos, mutilados o discapacitados. Cientos languidecen en la oscuridad de las cárceles. Y decenas de miles están desplazados, sin refugio. Nuestros estadios, nuestras instalaciones, nuestros sueños, todo ha quedado reducido a polvo”.
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