A la gira del candidato del PRI —tenido por seguro ganador de la Presidencia de la República—, Don Miguel González Avelar recomendó a De la Madrid convidar a directores y propietarios de los principales medios de información.
Apareció en Acapulco el licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz. Convocó a los enviados a “cubrir” hasta el último detalle del largo recorrido. Les comunicó:
Lejos de su casa y de la mirada vigilante de su esposa, Manuel Mejido festejaba la plática, la broma de buen gusto, el ingenio.
“Seré quien primero que entreviste a Miguel de la Madrid. Diálogo en exclusiva. Lo conozco mejor que nadie. Me sé su vida de ‘pe a pa’. Le ganaré a todos…”
“¿Por qué dices que conoces tanto y tan bien a De la Madrid, Manuel?”, le pregunté.
“Porque fuimos juntos a la misma escuela. Estudiamos en el Cristóbal Colón, desde adolescentes. Por eso”.
Luego el trabajo, dedicación, estudio: relaciones, empleo. Gastón Alegre se fijó metas muy elevadas.
Pues en el joven, apuesto, distinguido, bilingüe Gastón Alegre López, digno de absoluta confianza.
Arsenio Farell Cubillas lo llamó a la Comisión Federal de Electricidad. Le entregó elevadas responsabilidades.
Gastón Alegre López salió al mundo. Abrió oficinas en Estados Unidos, Canadá y Francia.
Con esa información y con su incesante actividad política en favor de su amigo, que sería —sin duda— presidente de México, agudos observadores y simples informadores se preguntaban, querían saber:
“¿Qué busca en México Gastón Alegre López?”
Hasta Juan Francisco Ealy Ortiz se quebraba la sesera.
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