La exposición de la Colección Gelman destaca el papel de la Ley de Monumentos en México, que impide la exportación definitiva de obras y regula su circulación internacional.
Laura Velarde
La llegada de la Colección Gelman al Museo de Arte Moderno no solo representa un reencuentro del público mexicano con uno de los acervos más importantes del arte moderno nacional, sino que también abre una conversación necesaria sobre las reglas que rigen su circulación dentro y fuera del país. En la conferencia matutina, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, puso el acento en la Ley de Monumentos como eje para entender la polémica.
El conjunto, integrado por obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo, cuenta con piezas que poseen declaratoria de monumento artístico, una figura legal que impone restricciones claras sobre su destino. Así lo aclaró:
“La colección Gelman es un acervo que se conformó en los años 40 de origen privado y tiene 30 obras con declaratoria de monumento artístico y para quienes no tengan información de qué es una declaratoria de monumento artístico, una declaratoria se da para proteger obras, ya sean privadas o públicas, que son consideradas parte fundamental de la historia y de la identidad de la creación artística nacional. ¿Qué es lo que hace la declaratoria? Pues justamente es para regular su conservación, para protegerla y para prohibir su exportación definitiva, es decir, estas obras solamente pueden salir de manera temporal. Cabe destacar que esta colección desde el 2010 ha salido más de 30 veces del país, es decir, no es la primera vez que va a itinerar».
Este marco jurídico impide que las obras salgan del país de forma definitiva, permitiendo únicamente préstamos temporales con supervisión del Estado:
“La colección Gelman está en manos de coleccionistas mexicanos, el acuerdo entre privados que es los coleccionistas y la entidad bancaria con la que está gestionando la colección es única y exclusivamente para apoyo en gestión. La entidad bancaria que hace pues fortalece la conservación, paga el aseguramiento y se encarga de eh itinerar por distintas partes del mundo con museos la colección. Sin embargo, es gestión, no es adquisición. La colección sigue siendo de coleccionistas mexicanos. Y, como indica la ley de monumentos, esta colección solamente tiene permiso de salida temporal. No puede salir de manera definitiva. Eso está en la ley de monumentos, eso está en la declaratoria y es una colección que aunque tiene otras obras que la conforman, pues la vocación de esta colección es eh pues el conjunto y el momento histórico en el que fue creado porque habla justamente de un contexto. Entonces, no se va a desarticular».
«La colección es mexicana, no se vendió, solo sale de manera temporal»
Para el público, la discusión no es menor. En años recientes, la circulación internacional de obras ha generado dudas sobre la propiedad y el control del patrimonio. Ante ello, la secretaria fue enfática en despejar inquietudes:
“No todas tienen que ser declaratoria, imagínense todas las colecciones privadas, no todas las obras tienen que tener esa declaratoria, pero la colección es mexicana, no se vendió, solo sale de manera temporal y es parte de esta oferta cultural durante el mundial.»
Más allá de la polémica, el caso revela una práctica común en el ecosistema cultural mexicano. Según detalló, existen más de 35 colecciones privadas bajo este régimen, lo que muestra cómo la conservación del patrimonio también depende de la colaboración entre particulares y el Estado.
“Es importante mencionar que a lo largo de la historia el préstamo de obras para proyectos nacionales, exposiciones internacionales han sido decisivos en la visibilidad que tiene México en el mundo. Es decir, estas colaboraciones y el trabajo de los coleccionistas en colaboración con el Estado son fundamentales para representar a México en el mundo».
69 obras de artistas como Frida Kahlo, Diego Rivera, Leonora Carrington, José Clemente Orozco, María Izquierdo, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Ángel Zárraga, se reencuentran con el público de México después de casi 20 años.
La exposición “Relatos modernos. Obras… pic.twitter.com/nLzjLWRLtm
— Claudia Curiel de Icaza (@ccurieldeicaza) February 18, 2026
Sin embargo, esta apertura internacional implica reglas estrictas. Las piezas deben regresar al país en plazos definidos, bajo la vigilancia del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.
“Sin embargo, y esto es central, la exposición y la colección tiene que regresar a México cada 2 años, como lo marca la ley de aduanas. Es decir, el convenio marco suscrito a 5 años de conservación y supervisión, pero la ley de aduanas lo ha indicado siempre para exportaciones temporales, regresa cada 2 años.
¿Qué va a pasar con la colección Gelman? Que va a regresar en el 2028 una vez que salga de México porque gracias a los coleccionistas se extiende para que esté en el mundial y a partir de ahí contara el tiempo».
Después de casi 20 años fuera del circuito expositivo nacional, la Colección Gelman vuelve a dialogar con el público mexicano. Su exhibición no solo permite revisitar obras emblemáticas, sino también comprender el equilibrio entre exhibir el patrimonio al mundo y garantizar que, legal y simbólicamente, siga perteneciendo a México.
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