Luis Ramírez / Corresponsal
Su madre se recuperó. Él volvió a México en 2025, después de tres años en Estados Unidos.
“Ya fui a vivir el sueño americano. Para mí el sueño americano es regresar con mi familia, con bien”, dice.
Su testimonio entrelaza elementos comunes en la experiencia migrante: trabajo constante, incertidumbre legal y episodios de discriminación.
“Allá la vida es muy diferente… nosotros los ilegales vamos a trabajar por la familia, pero ahora nos tratan como si fuéramos rateros”, relata. Recuerda un episodio en el que fue humillado por un cliente en el restaurante donde trabajaba.
Aun así, insiste en que su regreso no fue forzado. “Me salí por mi propia voluntad… vine por ese compromiso”.
“Los golpes son reales”, advierte. “Por eso uno se prepara”.
Cada noche, antes de dormir, reza. Pide que la representación salga bien y que su familia se mantenga con salud. “El papel es pesado”, repite.
Sin embargo, detrás de la escenificación, los relatos personales de quienes participan revelan diversas problemáticas.
Su mensaje hacia otros jóvenes apunta a la búsqueda de espacios distintos: “Que se den un tiempo para acercarse a Dios”.
En otro punto del ensayo, Daniel Cabrera López, de 28 años, quien representará a Gestas, uno de los ladrones, vincula su participación con un proceso personal. “Es una muestra de arrepentimiento”, señala.
Padre de tres hijos, habla de “segundas oportunidades” y de la necesidad de cambiar el rumbo. Su motivación también incluye la salud de su madre, quien vive con diabetes desde hace años.
“No es tarde para arrepentirse”, dice.
El evento implica la participación de Protección Civil, Cruz Roja y voluntarios para atender contingencias derivadas de la alta concentración de asistentes y las condiciones climáticas.
El costo supera los 70 mil pesos, financiados principalmente por el ayuntamiento.
Por su parte, el coordinador Abraham César Ramírez Cabrera señala que la preparación comienza un año antes, con convocatorias abiertas que pueden reunir hasta 20 aspirantes para el papel de Jesús.
“Es una preparación física, mental y espiritual”, resume.
Historias como la de Alberto García Zárate es parte de una narrativa más amplia: la de quienes salen en busca de mejores condiciones y regresan transformados por la experiencia.
El Viernes Santo, cuando Alberto cargue la cruz por las calles del municipio, su recorrido no sólo representará un pasaje bíblico. También condensará una trayectoria personal marcada por la migración, la enfermedad, la promesa y el retorno.
En ese cruce entre fe y realidad social, el Viacrucis adquiere una dimensión que trasciende lo local.
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