Periodismo para pobres – El Sol de México

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By ndh
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Periodismo para pobres – El Sol de México | Noticias, Deportes, Gossip, Columnas

Ahí estaba, justamente, la parte más incómoda de la conversación.

Y eso, lejos de restarle valor, debería obligarnos a replantear casi todo.

Por eso, si algo me dejó esa conversación, fue menos vergüenza del título y más claridad sobre la misión de servir. 

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Periodismo para pobres”. Ese fue el título de las sesiones que me tocó liderar en el Festival de Periodismo de Perugia, en Italia. Al principio se me hizo crudo, desatinado, provocador y ofensivo a la vez. 

Sabía que el tema y mis colegas panelistas eran profesionales, innovadores, juiciosos y empáticos, así que de la “carnita” no me preocupaba, pero sí, lo confieso, de la percepción. Y la vida me calló la boca.

Hay muchos tipos de pobreza y todas las vivimos en diferentes etapas y con distinta intensidad. Nosotros las cubrimos todas con bastante dignidad. No se trata solo de la carencia de cosas, de los sueldos que no alcanzan, las hipotecas, la comida en la mesa y una cobertura médica; hay mucho más allá. También se centra en una ceguera generalizada del periodismo que se enfoca siempre en los que saben más y “entienden lo que es bueno”, en ser tradicional y hablarles a unas masas a las que nos gusta tildar, desde un pedestal, como “pobrecitas”. Esta es la soberbia del oficio. Así que, en realidad, se trata siempre de la necesidad.

Hoy yo hubiera llamado a esa misma conferencia “periodismo para pobres, hecho por los pobres”. Porque el nuevo narrador del mundo también es parte de la comunidad en la que vive y, si somos honestos, del periodismo muy pocos se hacen ricos. Esta es una profesión abusada y prostituida, que se aprovecha de la pasión y los sueños, de la que muy pocos también vivimos. Cada día somos menos. A nosotros, los creadores, la tecnología y hasta los robots hay días que nos reemplazan en un parpadear. Somos criticados y hasta condenados. Y sí, también somos extremadamente pobres: de dinero, de humildad, de seguridad, de estabilidad y de prestigio.

Lo que condeno, desde mis muchos privilegios, es la etiqueta de la pobreza como un atributo siempre indeseable. Lo veo, más bien, desde la voluntad de nombrar la desigualdad sin eufemismos para preguntarse: ¿a quién le estamos hablando realmente y quién está fuera del radar de los medios?

Porque cuando hablamos de pobreza en el periodismo casi siempre pensamos en las audiencias, pero rara vez nos detenemos a mirar la precariedad del oficio. Nos gusta discutir la innovación, los modelos de negocio, la inteligencia artificial, las membresías y las alianzas. Nos encanta encontrarle nombre en inglés a todo. Lo que no siempre queremos admitir es que buena parte del periodismo que sostiene comunidades enteras se hace desde la escasez, el cansancio y la incertidumbre.

Se hace con salarios bajos, con equipos mínimos, con jornadas absurdas y con una vocación que a veces raya en lo irresponsable. Se hace con reporteras, como yo, que también cuidan hijos, atienden crisis familiares, traducen documentos, contestan mensajes a medianoche y aun así salen a preguntar, a verificar y a dar la cara. Se hace con gente que no vive en una burbuja, sino en la misma realidad que intenta explicar.

Porque tal vez el problema no es el título. Tal vez el problema es que exhibe una verdad que incomoda. Que durante demasiado tiempo el periodismo ha querido hablar de los pobres sin parecerse a ellos, sin escucharlos y, muchas veces, sin entender la dimensión de sus necesidades. Informar desde lejos siempre ha sido más fácil. También más elegante. Y, casi siempre, menos útil.

Yo no salí de Perugia pensando en una provocación exitosa. Salí pensando en la enorme distancia que todavía existe entre mucho del periodismo que se celebra y el periodismo que de verdad le resuelve algo a la gente. El que te ayuda a entender una política pública, a leer una carta del gobierno, a ubicar una clínica, a no caer en una mentira viral, a tomar una decisión urgente para tu familia. Ese periodismo rara vez es glamoroso. Pero es el que más importa. Es el que hacemos en Conecta Arizona.

No se trata de romantizar la pobreza. Tampoco de usarla como consigna. Se trata de entender que hay comunidades enteras viviendo con lo justo, sobreviviendo como pueden y tomando decisiones complejas con información incompleta. Y si el periodismo no es capaz de estar a la altura de esa realidad, entonces lo que está en crisis no es solo el modelo de negocio. Es el propósito.

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