▲ Miles Davis tenía una rutina que consistía en cinco horas pintando óleos, dos con su trompeta y otras dos haciendo box.Foto tomadas de la página de Facebook del artista
▲ El músico entrenando en el Gleason’s Gym en la ciudad de Nueva York, en 1970.Foto tomadas de la página de Facebook del artista
Pablo Espinosa
Periódico La Jornada
Martes 26 de mayo de 2026, p. 8
Lo primero que impresionó del mundo a Miles Dewey Davis III (26 de mayo de 1926-28 de septiembre de 1991) fue una flama azul.
Anota en su autobiografía: “El primer recuerdo que guardo de mi infancia es una llamarada, una llamarada azul brotando de un fogón de gas que alguien había encendido.
“Recuerdo que me sobresaltó la exhalación de fuego azul que brotaba del quemador, lo súbito, lo repentino del fenómeno. Esto es lo más lejano que puedo recordar, más atrás sólo hay niebla, sólo misterio.
“Pero en mi mente la llamarada de aquel fogón está tan clara como la música. Yo tenía 3 años.”
Es claro el nacimiento del cool (Birth of the cool es uno de sus discos más bellos).
Hoy se cumple el centenario de uno de los más grandes músicos de la cultura moderna.
“Un año después de mi nacimiento –anota Miles– un tornado violento azotó St. Louis y lo desmanteló.
“Diría que de aquello sí recuerdo algo, algo que está en el fondo de mi memoria. Quizá debido a eso tengo a veces mal carácter: aquel tornado dejó en mí parte de su violenta creatividad. Quizá dejó algo de sus ventarrones. Se necesita un buen soplo para tocar la trompeta y no cabe duda de que un tornado es misterioso y sobrenatural,”
▲ El músico entrenando en el Gleason’s Gym en la ciudad de Nueva York, en 1970.Foto tomadas de la página de Facebook del artista
Misterioso y sobrenatural. He ahí la esencia de la música de Miles Davis.
Un artista disciplinado cuya rutina consistía en cinco horas pintando óleos, dos con su trompeta y otras dos haciendo box.
La característica central de los óleos de Miles Davis, como el primero que se conoció de él, porque es la portada de su disco Amandla, está en su poderosísima vibración. Óleos vibrátiles, como su música.
Miles era un gran descubridor de talentos. En su disco Rubberband está el estilo que se llevaron a sus respectivas bandas Chick Corea, Joe Zawinul y John McLaughlin, respectivamente: Return to Forever, Wheather Report y Mahavishnu Orchestra.
Ahí desplegó su interés, su instinto por la música callejera. Por eso hay harto funk, pero también calypso, muchos aires latinos. Y el soul reinando.
Los coros soul en todo el disco son aluviones de copos de algodón sobre el mar, cortinas de lino navegando en el viento fresco de la tarde. Amaneceres.
Y toda la magia Miles: el reino de la noche, sus bordes, sus límites y sus remanentes. Lo que queda de la noche, diría Ishiguro. Su brillo. Su infinito resplandor.
A la fecha y para siempre, Miles dejó un diccionario del arte donde su trompeta es sinónimo de la palabra noche.
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