▲ El músico Tino Contreras en su casa de la colonia Cuauhtémoc en 2004.Foto José Carlo González
Hernán Muleiro
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Martes 25 de agosto de 2026, p. 8
Todos los Caminos llevan al jazz, la recientemente editada biografía de Tino Contreras publicada por MC Editores, escrita por Pablo Iván Argüello, doctor en antropología social y ex director de la Fonoteca Nacional, no necesita embelesamientos para contar una historia extraordinaria: la vida del notorio baterista es también una forma de indagar sobre las aristas del jazz en México.
El baterista cayó y resurgió en su carrera infinidad de veces, fue su propio promotor, capaz de evolucionar desde una versión mexicana de Shelly Manne y Gene Krupa a un músico capaz de componer con estilo propio, incorporando las influencias de sus aventuras por el mundo, sumando a la música indígena y a la vanguardia mexicana, como el sonido 13 de Julián Carrillo.
De la etapa temprana de la orquesta de Luis Alcaraz tiene muestras de identidad, de ese jazz mexicano embrionario parecido a Benny Goodman se desprenden atisbos de una onda propia, al igual que en el rock la fase imitativa, antes de las composiciones, muestra su origen en la música por omisión o intención.
La saga jazzística de Tino incluye el aporte de su hermano Mario Contreras, trompetista que fue parte de uno de los escasos discos que reflejan la actividad, el álbum Festival Nacional de jazz 1964, con actuaciones en vivo grabadas para el sello Odeón. La investigación ubicó el origen de la familia Contreras en 1700 y desarrolló la historia de los numerosos integrantes dedicados a la música antes, durante y después Tino.
Pasó momentos de su carrera focalizado en números estándar del jazz y versiones de clásicos populares mexicanos. La tarea de escapar del encasillamiento fue para Contreras una cuestión personal e intentó no quedar confinado al pedido público de su versión de El hombre con el brazo de oro, con solo de batería incluido. Un disco clave en su ruptura es Jazz Ballet (1963), cuya presentación en Bellas Artes causó polémica por su entonces novedosa forma multidisciplinaria.
Las grabaciones de merengue realizadas por Contreras integran su extensa discografía, el archivo fotográfico lo muestra sobre el escenario junto al cantante Fellove, exponente de la música afroantillana. Por la forma en que Conteras pasó de un estilo a otro se podría pensar que saltaba de estilos según las oportunidades, pero un vistazo más cercano lo muestra eligiendo muy cuidadosamente los mejores exponentes con los cuales colaborar.
Su disco doble con lecciones para tocar diferentes ritmos de batería, How to Play Latin Beats!, Aprenda a tocar la batería (1979), fue reditado de forma no oficial en una serie de cinco compactos por el sello Tino Corp, del productor Jack Dangers, que decidió caracterizarlo falsamente como un músico de origen cubano.
Una redición de uno de sus discos más cotizados, Quinto Sol (1978), coincidió con la difusión de su obra a cargo del diyéi de la BBC, Gilles Peterson. En este LP Contreras logró combinar la música indígena de su Chihuahua natal con las microtonalidades propias del Sonido 13 de Julián Carrillo.
Mucha de la información necesaria existe más en la memoria oral que en los archivos; tratar con la historia del jazz en México significa la dificultad de verificar acontecimientos que sucedieron mucho antes de que surja un interés en la documentación de los hechos. Hay una intención manifiesta del autor de ir contra el hermetismo de la línea temporal, por ejemplo, al contar las dificultades que le causó a Tino oponerse al sindicato de músicos presidido por Venus Rey.
Contreras siguió activo a una edad en la que muchos músicos comienzan a retirarse, incluso siguió tocando en un estado de salud frágil. Falleció el 9 de diciembre de 2021 a los 97 años.
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