La Habana/Las empresas suizas que hacen negocios con Cuba no parecen compartir el entusiasmo de Auge, una consultora privada dedicada al asesoramiento y desarrollo de negocios en la Isla. La firma celebró recientemente su incorporación a la Cámara de Comercio Suizo-Cubana como una puerta hacia “nuevos mercados, alianzas y oportunidades”, pero la organización a la que acaba de sumarse ofrece una imagen mucho menos prometedora de Cuba.
“Cuando una empresa suiza hace negocios con Cuba, los bancos estatales pueden emitir órdenes de pago, facturas o garantías. Pero después, casi nunca consigue cobrar”, aseguró Ursin Mirer, presidente de esta Cámara de Comercio, en un reportaje publicado este jueves por Swissinfo. La organización cuenta ahora con unas 40 empresas asociadas, frente a las 60 o 70 que llegó a reunir. “Las empresas no se sienten protegidas”, resume Mirer.
El diagnóstico contrasta con el tono empleado por Auge al promocionar su entrada en la Cámara el pasado 10 de junio. “El mundo está lleno de oportunidades. Nosotros seguimos tejiendo la red para traerlas a nuestro país”, afirmó la consultora, que presentó su membresía como una oportunidad para acceder a espacios B2B, foros de intercambio y bases de datos comerciales que le permitirán “pensar en grande”.
El reportaje deja claro que los obstáculos para comerciar con Cuba no terminan en Washington
El propio título escogido por Swissinfo, “El comercio suizo en Cuba se ahoga por el miedo a las sanciones de EE UU”, atribuye un peso considerable a las medidas de Washington. Los bancos europeos y latinoamericanos, explica el medio, evitan muchas operaciones relacionadas con la Isla por temor a exponerse al régimen de sanciones estadounidenses, un fenómeno conocido como de-risking. Sin embargo, el reportaje deja claro que los obstáculos para comerciar con Cuba no terminan en Washington.
“Una de las causas está en el sistema económico cubano, dominado por el Estado, y en la escasez crónica de divisas”, señala Swissinfo. Esa situación impide a las entidades de la Isla cumplir regularmente sus deudas con compañías extranjeras. Cuando le preguntan qué tendría que cambiar para recuperar los negocios, Mirer tampoco menciona únicamente las sanciones: “En primer lugar está la seguridad jurídica, seguida de una protección real para las empresas extranjeras y, por último, la cuestión monetaria”.
Los números acompañan el pesimismo. Las exportaciones suizas de papel y cartón a Cuba superaron los 2,7 millones de francos en 2025, pero durante el primer semestre de este año apenas llegaron al millón. Las ventas de relojes pasaron de 1,4 millones a poco más de 357.000 francos (1 franco suizo equivale a 1,23 dólares) y las de productos farmacéuticos quedaron por debajo de 9.000 francos entre enero y junio. Las pequeñas y medianas empresas, menos capaces de soportar atrasos en los pagos, han ido reduciendo su actividad o abandonando directamente el mercado cubano. Entre las grandes que permanecen están Nestlé (alimentos) y Roche (farmacia).
Una de las compañías que todavía resiste, Nestlé, conoce el problema desde los primeros años de la Revolución
El panorama era bastante más luminoso apenas siete meses atrás. Durante un encuentro empresarial celebrado a finales de enero en La Habana, Harold Hoffman, vicepresidente de la Cámara, aseguraba a la emisora estatal Radio Progreso que Cuba ofrecía oportunidades porque su mercado era “bastante prometedor”, algo que los empresarios suizos debían “aprovechar”. La actividad buscaba precisamente fomentar la inversión extranjera y ampliar los negocios.
La propia Embajada de Suiza, bajo cuyo patrocinio se celebró la Swiss Business Night, era entonces algo más cautelosa. El eje de aquella reunión fue la crisis energética cubana, descrita por la representación diplomática como una “vulnerabilidad operativa real” que afecta a la producción, eleva los costos y “frena la inversión”. El panel fue moderado por Oniel Díaz Castellanos, cofundador de Auge y colaborador de ese círculo empresarial antes de incorporarse formalmente a la Cámara.
Las dificultades para convencer a los empresarios suizos de las bondades del mercado cubano tampoco son nuevas. Una de las compañías que todavía resiste, Nestlé, conoce el problema desde los primeros años de la Revolución.
Antes de “llegar lejos” en Cuba, el desafío puede ser bastante más elemental: poder cobrar
En octubre de 1960, el Gobierno de Fidel Castro nacionalizó tres empresas alimentarias con importantes intereses de la multinacional suiza. Tras años de negociaciones, La Habana y Berna alcanzaron en 1967 un acuerdo por 18.039.000 francos suizos para compensar propiedades, derechos y otros intereses afectados por las medidas revolucionarias.
Suiza se comprometió a adquirir anualmente 40.000 toneladas de azúcar cubano durante ocho años y una parte de esos ingresos servía para amortizar la indemnización. De esta forma, Cuba podía compensar a los afectados y simultáneamente garantizarse un comprador, obtener divisas y conservar un vínculo económico con una gran compañía extranjera.
Casi seis décadas después, las palabras han cambiado menos que los problemas. Cuba necesita más que nunca compradores, inversión y moneda fuerte, mientras las compañías extranjeras vuelven a reclamar garantías para recuperar su dinero. Las sanciones estadounidenses hacen hoy las transferencias mucho más difíciles y explican una parte importante del deterioro, pero incluso los representantes empresariales interesados en mantener los vínculos con la Isla señalan problemas internos que Washington no puede resolver.
Auge, entretanto, prefiere mirar el vaso lleno. Su nueva membresía, aseguró la consultora, servirá para “oxigenar nuestra forma de hacer las cosas” y permitir que sus clientes solo tengan que preocuparse “por llegar lejos”. La experiencia de algunos de sus nuevos socios suizos indica que, antes de llegar lejos en Cuba, el desafío puede ser bastante más elemental: poder cobrar.
DERECHOS DE AUTOR
Esta información pertenece a su autor original y se encuentra en el sitio https://www.14ymedio.com/cuba/empresas-suizas-cobrar-cuba_1_1130251.html