Xalapa, Veracruz, México, 10 de septiembre de 2026
Hay momentos en los que una palabra parece desaparecer justo cuando más la necesitamos. Sabemos lo que queremos decir, conocemos el significado, incluso podemos imaginar la primera letra o recordar dónde escuchamos aquella palabra, pero por más que la buscamos, no aparece. Está ahí, escondida, agazapada en algún rincón de la memoria, suficientemente cerca para reconocerla y demasiado lejos para pronunciarla. A esta experiencia se le conoce como letología, ese curioso fenómeno en el que una persona es incapaz de recordar temporalmente una palabra que sabe que conoce.
La letología es parte del uso y experiencia del lenguaje. Se presenta durante cualquier momento, en medio de una conversación, cuando escribimos, cuando damos una presentación. A veces nos traiciona la memoria, no podemos recordar el nombre de alguien importante. Entonces es cuando decimos “tengo la palabra en la punta de la lengua”. Parece que no hemos olvidado completamente la palabra, nuestro cerebro aún tiene parte de esa relación con ese término, quizá recordemos su significado, su fonética aproximada, el contexto donde la aprendimos, pero sigue ahí mismo en la punta de la lengua.
El caso es que nuestra memoria no funciona como la IA o un diccionario, nuestras palabras se entrelazan en enormes redes neuronales que se asocian a un sinfín de posibles recuerdos y situaciones. Los humanos asociamos las palabras con sonidos, imágenes, emociones, experiencias y demás. Cuando alguien habla y nos cuenta algo, el cerebro recorre un número enorme de conexiones cerebrales a gran velocidad. Recordemos que el uso de las palabras adecuadas es la especialización del conocimiento. La letología se presenta cuando hay un bloqueo provisional en ese camino que le llamamos memoria.
Se presenta muchas veces el que recuerdes la palabra y luego la olvides, la recuerdas y la apuntas en algún lugar.
A veces parece que se nos escondieran las palabras entre más las buscamos. Intentamos acceder a conceptos relacionados y no pasa nada. Accedemos imágenes, sonidos, sinónimos y nada. Entonces suspendemos la búsqueda, nos enfocamos en otra conversación y después aparece esa palabra que teníamos en la punta de la lengua, entonces decimo: era esta palabra. Y… bueno. Se siente bien por haberla recordado, pero ya no importa. La clasificamos y la relacionados con algo. La palabra no había desaparecido, solo se bloqueó el camino. Las palabras expresan sentimientos, memorias, ideas, identidad, al mismo tiempo son herramientas para decir quienes somos y de dónde venimos.
Se relacionan con todo lo vivido, la familia la cultura. Cuando somos bilingües, a veces se esconden ciertas palabras y solo aparecen en la otra lengua.
Muchas veces sabemos o creemos saber lo que queremos expresar, pero las palabras no salen. Todo eso nos demuestra que nuestra mente no es perfecta y que esos pequeños espacios entre ideas, a veces, olvidan palabras claves.
Las autoridades sanitarias de muchos países, tal es el caso del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, (National Institute on Aging, NIA) de los Estados Unidos, una institución del Gobierno federal y forma parte de los Institutos Nacionales de Salud (NIH). Su contraparte en México es El Instituto Nacional de Geriatría, INGER. Estos organismos, cada uno por su lado, recomiendan ejercicios prácticos que ayudan a resolver casos de pérdida de memoria.
Esto es, de 15 a 20 minutos diarios sin que causen estrés o angustia, por ejemplo, mencionar todos los animales que recuerdes, frutas, herramientas, profesiones, países, ciudades, luego envíate un mensaje de WhatsApp con ideas que te han llegado.
Descripción semántica
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Si no recuerdas una palabra explica con que se relaciona. Por ejemplo, es una herramienta que se usa para guardar tus contactos y fechas. “Un organizador”; una tendencia económica que se asemeja a apostar en un casino, “Especulación”. Un presidente en México que decretó pagar impuestos por puertas y ventanas, “Antonio López de Santana”. Y… Así, son ejercicios divertidos. Elige 5 palabras y recuerda tres sinónimos y antónimos por cada una.
Lee una noticia y explícala.
Cuando la palabra no aparece. No te castigues. Respira despacio, reemplaza la palabra con el concepto. Con frecuencia aparecen después. Mira fotografías familiares y habla de cada una con gente que compartes. Confía que esas palabras están en algún lugar.
Recuerda todos los cumpleaños de tu familia. Canciones que te gustaron. Los aromas de tu casa, del mercado. Todo esto ayuda a que esas palabras se manifiesten y no se queden en la punta de la lengua. Recuerda que recordar es vivir.
Referencias
Brown, R., & McNeill, D. (1966). The “tip of the tongue” phenomenon. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior,
James, L. E., & Burke, D. M. (2000). Phonological priming effects on word retrieval and tip-of-the-tongue experiences in young and older adults. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition.
Shafto, M. A., Burke, D. M., Stamatakis, E. A., Tam, P. P., & Tyler, L. K. (2007). On the tip-of-the-tongue: Neural correlates of increased word-finding failures in normal aging. Journal of Cognitive Neuroscience.
Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía.
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