“La resistencia en el tiempo y el espacio de la cultura mixteca me hizo repensar el cine”
▲ Fotogramas de Sókó, del cineasta Nicolás Rojas Sánchez, que cuenta con el Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes.
Merry Macmasters
Periódico La Jornada
Martes 15 de septiembre de 2026, p. 7
Al filo de padecer Alzheimer, Emilia sueña con volver a ver a su hijo, quien se marchó a Estados Unidos hace 30 años. Un 24 de junio, día de San Juan, la tierra que entraña su origen y el de sus ancestros, hará posible su encuentro. La enfermedad, la vejez, la migración y la niñez son los temas que dan forma a Sókó, primer largometraje de Nicolás Rojas Sánchez (San Juan Mixtepec, Oaxaca, 1984). El cineasta cuenta con cinco cortometrajes, entre documental, ficción y experimental.
Este drama de ficción de 110 minutos, que se encuentra en etapa de posproducción desde hace dos años, fue uno de los 19 proyectos seleccionados de la octava convocatoria del Estímulo para la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), organizada por el Instituto Mexicano del Cine. Está hablada en sa’an savi (mixteco), español e inglés, debido a que “la migración ha hecho que esta amalgama de culturas se fusionen”.
Aparte de dirigir la cinta, Rojas Sánchez es coguionista con Indira Velasco Viloria. Sókó es una historia inspirada en su abuela y tío. “Durante toda mi infancia escuché a mi abuela hablar de un tío que nunca conocí. Siempre esperaba el regreso de su hijo en la fiesta del pueblo; sin embargo, nunca sucedió. Con el paso de los años mi abuela empezó a confundirme con mi tío cuando comenzó a tener episodios de Alzheimer. Ésta es una historia que intenta salirse del marco, atreviéndose a otra narrativa. También en contra posición a la hipervelocidad que se vive en la actualidad”.
Rojas Sánchez estudió ciencias de la comunicación en Oaxaca, pero “la vida me especializó en el cine”. En la Ciudad de México “se me abrieron muchas puertas para entender el tipo de cintas que quería hacer”.
Comenzó su carrera en 2006 trabajando en películas con Corazón Films; primero como ayudante de arte, después hizo utilería, luego diseño de producción, asistencia de dirección y algo de actuación.
Eso “me llevó a repensar el cine desde el contexto de donde provengo, que es la cultura mixteca, con una comunidad fuerte que ha resistido al tiempo y al espacio, sobre todo en la lengua.
“La raíz siempre te llama. El hecho de regresar a vivir a Oaxaca (en 2020) implicó dejar el quehacer cinematográfico en la Ciudad de México, donde me quedaba poco tiempo para desarrollar historias propias. Este trabajo es muy demandante, especialmente en el ámbito comercial, lo que también lleva al hartazgo.
“Siempre iba y venía, aunque ahora más consciente de dejar la Ciudad de México y arrancar distinto desde Oaxaca. Ahora estamos en la Sierra Juárez colaborando con otro grupo de cineastas. Al final el cine se hace en comunidad.”
Sókó se basa en hechos reales junto con historias que se cuentan. “Insisto en que hay una investigación detrás de esto. La coguionista también es antropóloga y poeta. Al pertenecer yo a la comunidad mixteca hemos explorado por mucho tiempo. En 2024, cuando íbamos a filmar, fuimos al pueblo y estuvimos más tiempo porque allá se hizo el casting. Encontramos a personas que contaban historias como éstas. La realidad supera la ficción. Hay personas que salen y no regresan. La Ciudad de México y el mundo están llenos de personas que venimos de otros lados. Hay quienes olvidan su raíz, otras que nos gusta conectar y otras que están huyendo. En este caso la idea es reconectar toda la raíz. La cinta está basada en muchas cosas, pero es una ficción”.
Casting no tradicional
Todas las personas que actúan en Sókó son de San Juan Mixtepec, un pueblo básicamente migrante. Para esto se hizo un casting no tradicional. “Por invitación o recomendación platicamos con personas que luego se integraron, así fue como salieron niños, adultos, personas mayores, extras y músicos. Todo lo que se integra en la película es más o menos una cartografía de lo que sería mi pueblo, digamos”.
Nadie recibió una preparación actoral. “En el casting revisamos la predisposición de las personas, después las preparamos, pero no como si fuera un coach actoral porque no quería que interfiera en el lenguaje. No tenía por qué intervenir alguien que no hablara mixteco. Por ejemplo, la persona que interpreta a Emilia, cuando se hizo el casting, me sentó en una mesa y me hizo platicar toda la historia en mixteco. A partir de allí decidió hacia dónde iba su personaje.
“En otro caso, doña Gloria nos invitó a su casa, pero cuando llegamos no era sólo ella, sino 10 personas que querían hacer el casting. Aparte de platicar la historia, también hablaba de qué es el cine y cómo se hace, entender desde la intimidad como íbamos a trabajar. A partir de esto empezamos a construir los personajes. Por más que están dibujados en los guiones el trabajo con los actores siempre tiene el poder de decisión de sus personajes. El guión sólo impone el texto.
“Para mí todos son actores desde que conscientemente asumen este rol y deciden hacerlo. No se dedican a esto, por supuesto, pero es un punto y quiebre en su vida en que decidieron entregar sus vidas a ello a lo largo de los 24 días que duró el rodaje”.
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