Los alquilados

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By ndh
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ECP

TV Azteca estrenó el miércoles “Tolerancia Cero”, panel conducido por Manuel López San Martín con Jorge Castañeda, María Amparo Casar y Héctor Aguilar Camín. Ricardo Salinas Pliego dio la bienvenida al fichaje con una frase sobre libertad de expresión. El formato es nuevo, el esquema no.

La televisora del Ajusco financia y difunde voces críticas de la 4T con la misma lógica documentada en la red Cerimedo-Negre: un empresario pone la infraestructura, unos operadores ponen el contenido, la franquicia se activa donde haga falta reforzar el relato opositor. Ahí era una granja de bots. Aquí es una mesa de análisis con nombre y rostro. La función coincide: fabricar consenso crítico y presentarlo como opinión pública espontánea.

Castañeda tiene el expediente de izquierda más documentado de los tres. Milita en el Partido Comunista Mexicano desde 1978. Tres años después intenta postularse a la dirección del partido, choca con el requisito de antigüedad y sale del PCM. De esos años circula una fotografía de Castañeda en una práctica de tiro en Cuba. Se acerca entonces a la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas y lo asesora en la campaña presidencial de 1988, la que consolidó a la izquierda mexicana moderna frente al fraude salinista. La relación se sostiene hasta 1993, año en que publica “La utopía desarmada” y anuncia su distanciamiento: “una izquierda irreformable”, dirá después. Seis años más tarde asesora la campaña de Vicente Fox, quien lo nombra canciller.

Aguilar Camín construyó otra ruta hacia el mismo destino. Historiador formado en la generación de 1968, hizo carrera cuestionando desde el revisionismo el relato oficial de la Revolución mexicana. Cofundó La Jornada en 1984 y dirige Nexos desde 1978. Nunca militó en un partido, pero la relación se documenta en papel: en abril de 1989 firma, como presidente del Centro de Investigación Cultural y Científica, un recibo por 250 millones de viejos pesos como anticipo del estudio “El Desafío Educativo” para el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Meses después pide una ampliación de 115.9 millones por retraso, y en septiembre de 1993 escribe: “Presidente. Sé que no hemos terminado, pero nuestras finanzas por la misma demora andan mal. Si pudieras anticiparnos el saldo de la investigación será una gran ayuda. Abrazo”. Un cheque de caja por 364 millones de viejos pesos, fechado en 1990, cierra el expediente. Esa izquierda reformista fue, según ha señalado el propio López Obrador, la que se adhirió en bloque a Salinas tras el fraude de 1988. Aguilar Camín estuvo en ese primer grupo, y cuando la relación con Salinas se rompió, migró hacia Zedillo. Nexos operó con contratos de publicidad oficial durante gobiernos priistas y panistas hasta que la Secretaría de la Función Pública inhabilitó a la revista en 2020.

Ninguno de los dos vivió esa izquierda desde la precariedad que decía representar. Castañeda se formó en el Liceo Franco-Mexicano, Princeton y La Sorbona. Aguilar Camín estudió en el Instituto Patria, colegio jesuita de élite, y luego en la Ibero y El Colegio de México. La militaron como formación intelectual, nunca como necesidad material, lo que vuelve barato abandonarla cuando deja de ser rentable.

Ambos coinciden hoy en la mesa que financia Salinas Pliego, el mismo empresario cuyo primo, Roberto Salinas León, dirige Atlas Network para América Latina, y cuyo dinero sostiene la granja de bots de Cerimedo que fabricó la marcha “Generación Z”. No es coincidencia que compartan esquema: son la misma operación con distinto formato, el catálogo trumpista que Dick Morris y Brad Parscale exportan a cualquier derecha regional que quiera comprarlo. Cerimedo alquiló medio millón de cuentas robóticas. Salinas Pliego alquiló dos intelectuales con aroma residual de izquierda clarificada. El objetivo es idéntico: simular un consenso crítico contra la 4T que no existe de forma espontánea, y venderlo como opinión pública.

Se vendieron dos veces y cobraron las dos. Primero cobraron en contratos, columnas pagadas y cargos públicos por servir al poder que gobernaba. Ahora cobran en cámaras y sueldo de Grupo Salinas por operar, con toga de análisis político, la misma franquicia que opera con bots en Bolivia, Chile y Argentina. Ninguno es intelectual. Son empleados con vocabulario más grande, y como todo empleado, venden su discurso al mejor postor disponible en cada época. La izquierda que dijeron defender fue el primer cliente que tuvieron. La franquicia de Salinas Pliego y Atlas Network sólo es, por ahora, el último.

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