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una historia que desprecia a sus personajes

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Madame Web aporta nada nuevo. En los últimos diez años, Sony se afanó por crear un universo relacionado con Spider-Man, que, curiosamente, no incluye al héroe. De modo que probó suerte con el antihéroe Venom— y no le fue tan mal — y después, con Morbius, con el que tuvo pésimos resultados. El caso es que el estudio intenta armar, como puede, su propia franquicia arácnida, en el que espera, presumiblemente, incluir a la versión Tom Holland. Pero mientras eso ocurre, comete todo tipo de errores al ser incapaz de ensamblar un escenario cinematográfico compartido de calidad. Quizás, su intento más afortunado sea las aventuras de Miles Morales en animación. Pero por ahora, nada de lo que ha hecho en su irregular proyecto live action ha tenido el mismo éxito. 

La cinta, es, hasta ahora, el intento más ambicioso de Sony por lograr el éxito que tiene con sus largometrajes animados. Para eso, pone el énfasis en lugares parecidos. En primer lugar, toma varias versiones de héroes dentro del mundo de Spider-Man, para mostrar la idea de una realidad más amplia. Cassandra Web (Dakota Johnson), es el centro de una narración, que fluye en varias direcciones distintas. En un evidente guiño al cómic, el personaje tiene poderes psíquicos precognitivos. Pero, a diferencia del original, se trata de una versión joven que está en busca de comprender sus capacidades. 

Madame Web

Madame Web es un confuso intento de Sony por narrar el spiderverse, que falla por su guion mediocre y apartado visual caótico. Lo que comienza como una historia de origen, termina por ser una revisión a conceptos más amplios sobre la existencia misma del héroe arácnido. Pero la película falla en profundizar en un escenario tan ambicioso y termina por convertirse en un caos narrativo sin el menor atractivo.


























Puntuación: 2 de 5.

Al otro extremo, se trata de plantear la historia de origen de Cassandra como el comienzo de un universo mayor. Que empalma, además, con la existencia misma de todas las versiones de Spider-Man. De la misma manera que Miles Morales, el personaje de Johnson es parte de un hilo conductor de eventos en lo que no parece estar relacionada. Eso, solo más allá de su habilidad para predecirlos. Pero sin saber qué los provoca o hacia dónde se dirigen en conjunto. Por supuesto, esa solo es la primera capa de lo que pretende ser un argumento con varias que funcionan superpuestas.

Una premisa que podría resultar, si el guion escrito a cuatro manos por Matt Sazama, Burk Sharpless, Claire Parker y la misma directora, fuera menos vago y genérico. La heroína con habilidades psíquicas que imagina la película, es lamentablemente limitada y torpe. Mucho más, cuando las fronteras entre la realidad y lo que puede percibir, se muestran en el argumento con una serie de escenas fragmentarias que no llevan a ninguna parte. Con efecto digitales mediocres, el mundo que Cassandra puede percibir, son más disolvencias entre escenas, que un misterio que resolver. De hecho, uno de los mayores fallos de la película, es la sensación que el pasado, el presente y el futuro, se complementan con torpeza en una cronología sin sentido.

Eso, debido a que el intento de insinuar una precuela — después de todo, Cassandra, puede ver el futuro y predecir los posibles arácnidos que nacerán — se vuelve una confusión de premisas. ¿Es la paramédica de Nueva York algo más que el centro de una red — sí, así de obvio — que se extiende de su madre en adelante? La trama insiste una y otra vez en contar este importante matiz, dejando entrever que Cassandra esconde un misterio. Pero es tan obvio — tan poco trabajado y mucho menos, ingenioso al contarse — que para la primera media hora, ya la trama reveló todos sus misterios. A saber: que el personaje de Dakota Johnson es capaz de ver el futuro de sus — todavía sin revelar — congéneres arácnidos.

Una cinta superpoblada de personajes huecos

Luego de, quizás, su única escena memorable — que recuerda directamente a la saga Destino Final — el argumento, que explica poco, pasa a incorporar figuras conocidas dentro del spiderverse. Todo en una manera caótica, desigual y hasta ridícula, que transforma a las esperadas apariciones de varios personajes legendarios en accidentes de guion. Una y otra vez, la trama subraya que todo se relaciona con el poder y la responsabilidad que este conlleva. Y por supuesto, deja entrever que Cassandra, que ve el futuro, tiene la mayor, al saber quienes son los héroes que habrán de nacer. 

La cinta, pasa entonces, se vuelve cursi y con una insólita repetición de tópicos, contándolos al estilo de los clásicos de superhéroes de la década de los noventa. Del deber al amor, la responsabilidad y lealtad. La película se ocupa tan poco de sus personajes como para ser meras excusas para hacer avanzar la historia. Podría parecer un homenaje — después de todo, se ambienta a finales del siglo XX — pero, en realidad, es torpeza cinematográfica. La pésima edición empuja a la historia a un desorden que termina por ser su peor enemigo. En ocasiones, no hay forma de comprender si se trata de Cassandra en mitad de una visión o una escena que está ocurriendo. 

Pero todo se vuelve aún peor al presentar al resto de los héroes. La historia central añade con tosquedad y sin demasiadas explicaciones a Julia Cornwall (Sydney Sweeney), Mattie Franklin (Celeste O’Connor) y Anya Corazon (Isabela Merced). Todas, relacionadas con las visiones de Cassandra y que, en estructura adecuada, se complementarían unas a otras. Pero no solo no lo hacen, sino que aparecen en escenas de acción con mala coreografía y que la pobre fotografía de Mauro Fiore convierte en manchones de sombras y color. 

Por separado, cada heroína está relacionada con Cassandra y la solidez de la película de eso, depende de eso. Aun así, el guion lo olvida con facilidad y todo parece ocurrir por sucesos que se explican fuera de cámara o directamente, no se explican. Tanto, que cuando hace su aparición el villano de turno, Ezekiel Sims (Tahar Rahim), sus motivaciones se hacen nebulosas. De nuevo, Sony apuesta a una figura tradicional de Marvel, que debe, además, explicar su contexto y conectar con el resto del relato. Pero no lo hace, por lo que su persecución de las probables Spider Woman, queda como un añadido a la narración casi forzado. 

Historias secundarias sin el menor interés

Como forzada es la esperada aparición de Ben (​Adam Scott) y Mary Parker (Emma Roberts). No solo es un evidente y mal planeado fan service, sino que además, el largometraje se da el lujo de desaprovechar sus posibles implicaciones. Pero siendo que no describe del todo las capacidades de Cassandra — o cambia sus reglas — el argumento solo muestra a la pareja para, al parecer, complacer la posibilidad de la existencia de Peter. Por otra parte, ni ese futuro, ni la idea de lo que la predicción puede implicar, se profundizan, de modo que la película navega en la nada. 

Lo que más se lamenta de Madame Web es el vacío en toda la trama y la sensación de lo mucho que pudo ser. Para el recuerdo, el trío de Spider Woman en pantalla y Cassandra, a la que Johnson brinda una vulnerabilidad llena de matices, que se agradece. Pero más allá de eso, la cinta es una combinación de pésimas decisiones de guion, un apartado visual barato y un final, que tiene el triste honor de ser de los peores de Sony. Otro intento fallido más para la ya extensa lista del estudio. 

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