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Nutella para mantener a raya a las ardillas invasoras

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A los humanos nos encanta la Nutella. Pero no somos los únicos. A las ardillas también les chifla. Por eso, en Inglaterra, tras la desesperación causada por la expansión de las poblaciones de ardilla gris, el pasado mes de enero decidieron dejar a su alcance recipientes de Nutella cargados con anticonceptivos.

Puede parecer cruel, pero lo cierto es que, aunque los métodos son un tanto extraños, es una medida necesaria para combatir una de tantas especies invasoras.

Estas son especies animales, vegetales o de cualquier otro organismo vivo que se han desarrollado fuera de su entorno o hábitat natural, llegando a producir alteraciones en los ecosistemas a los que se desplazan. En el caso de la ardilla gris, su traslado de América a Inglaterra en el siglo XIX salió muy caro a los ingleses, pues ahora no saben qué hacer para controlar los daños que provocan, tanto en la flora de los bosques, como en su fauna. De ahí la Nutella adulterada.

Ardillas fuera de su lugar

En el siglo XIX se crearon en varios lugares del mundo las sociedades de aclimatación. Estas eran organizaciones que promovían el traslado de especies tanto animales como vegetales fuera de su entorno natural, con el objetivo de obtener recursos útiles o, simplemente, disfrutar de su belleza. 

Las sociedades de aclimatación promovían el traslado de especies fuera de su hábitat

La ardilla gris (Sciurus carolinensis) se encontraba en el segundo grupo. Las que se transportaron a otros lugares solo por ser bonitas. Y desde luego que lo son. Estas ardillas, conocidas también como ardillas de las Carolinas, son de color gris oscuro, con tonalidades café claro en la cabeza, el vientre, las patas y los hombros. Además, tienen una bonita cola con un buen penacho de pelo que las hace adorables. Si a todo eso le sumamos que son animales muy simpáticos y sociables no es extraño que algunos europeos de viaje por las Américas se quedaran prendados de ellas.

Pero de todos ellos, fue un fabricante de seda llamado Thomas Unett Brocklehurts quien en 1876 comenzó un problema que se ha extendido ya por más de un siglo. Lo cuenta el biólogo Ángel León Panal en su libro Historia de las Especies Invasoras. En uno de los primeros capítulos describe cómo aquel comerciante decidió liberar varias ardillas grises en una casa de campo que poseía en el condado de Cheshire. Abrió así la veda a muchas más importaciones, que continuaron hasta 1937. Para entonces la población ya se había disparado y estaba comenzando a causar los primeros estragos. Sin embargo, era demasiado tarde para arreglarlo simplemente prohibiendo la importación. 

Estas ardillas acostumbran a quitar la corteza de los árboles para construir sus nidos, causando graves daños en los bosques. Además, se alimentan de crías y huevos de aves cuyas especies se están resintiendo por su proliferación. Y, por si todo eso no fuera suficiente, transmiten enfermedades como la viruela de las ardillas. Esto no es peligroso para los humanos, pero sí para las ardillas rojas. El hábitat de estas sí que se encuentra en Inglaterra; pero, sin comerlo ni beberlo, están viendo cómo usurpan su hogar y, para colmo, las enferman. 

Nutella para acabar con el problema

Se han propuesto todo tipo de planes para controlar las poblaciones de ardillas grises. En un principio eran excesivamente drásticas. De hecho, según cuenta León Panal en su libro, en los años 50 del siglo pasado se puso precio a sus colas. Así, muchos cazadores se lanzarían a por ellas y ayudarían a controlar su población. Pero no fue suficiente. 

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